Aitana no necesita presentaciones. Ocho años en la industria han sido suficientes para consagrarse como una de las voces en español más importantes de su generación. Así lo confirman los 11,8 millones de oyentes mensuales que acumula en Spotify. Puede presumir de tener un público tan diverso como fiel. ¿El azul es el color representativo de su último disco? Allá van todos ellos para encontrar el estilismo perfecto para seguir la tendencia. Si ha habido un elemento característico en esta última era —como se llama ahora cada una de las etapas musicales de los cantantes— esa ha sido la mariposa. Un animal que define lo que ha sido su carrera hasta ahora: de oruga a mariposa, completando su metamorfosis como persona y como artista. Y es también el hilo conductor del concierto, y de los que vendrán: ha acabado la velada anunciando gira mundial para 2026.
Su carta de presentación de estos tres conciertos (uno en Barcelona y dos en Madrid, con todo vendido) ha sido 6 de febrero. Aquella canción que mostró por primera vez en febrero, en su documental Metamorfosis. Aquella que su equipo le decía entonces que no valía para abrir un estadio. No hizo caso, arriesgó y ganó. Solo hicieron falta unos segundos de los acordes para que el público se pusiese en pie. “¡Buenas noches, Madrid!”, gritó feliz. Los asistentes, de toda edad y condición, enloquecieron: “¡Qué guapa va!”, afirmaba una joven que, de azul, seguía la temática de la noche. No tardó en sonar otro de los éxitos de su último disco Cuarto Azul: Superestrella. Con una interpretación digna de una diva del pop, los presentes se dejaron la voz coreando cada verso. Y eso que solo era la segunda de la noche.






