EntrevistaPara celebrar, el artista diseñó una muestra en Pietrasanta (Italia), ciudad que lo acogió desde hace tres décadas.Gustavo Vélez celebra 30 años de carrera artística Foto: CortesíaEDITOR VIDA04.09.2026 15:14 Actualizado: 04.09.2026 17:24
“Claramente diría que soy muy terco”. Con esa frase, el escultor colombiano Gustavo Vélez resume lo que han sido estos 30 años de relación con el mármol. “Llegué a los 21 años creyendo que podía dominarlo y, después de tres décadas, entendí que no se trata de dominarlo, sino de escucharlo”, reflexiona.Vélez nació en Medellín en 1975 y desde temprana edad encontró en el arte y, especialmente, en la escultura, una de sus grandes vocaciones. Al terminar el colegio, viajó a Italia para estudiar en la Academia Lorenzo de Medici, en Florencia, y posteriormente continuó su formación en los talleres de Pietrasanta, donde comenzó a profundizar en el trabajo de la escultura en mármol.La Galería Duque Arango, que ha representado a Vélez, destaca la trayectoria internacional del artista colombiano y su presencia en importantes escenarios del arte. A lo largo de su carrera, ha participado en ferias y exposiciones en ciudades como Madrid, Mónaco y Londres, entre otras. Su trabajo también ha sido reconocido en Colombia: en 2013 recibió la Orden al Gran Caballero, otorgada por el Congreso de la República, y en abril de 2014 fue distinguido con la Orden de la Democracia Simón Bolívar, en el grado Cruz Oficial, por sus logros como escultor y por su aporte a la representación del arte colombiano en el exterior.Ahora, al cumplir 30 años de carrera, el artista diseñó una muestra en Pietrasanta (Italia), ciudad que lo acogió desde hace tres décadas. La exposición 'Le Dimensioni dell'Equilibrio', abierta al público hasta el 20 de septiembre de 2026, involucra los espacios más emblemáticos de Pietrasanta en un recorrido que abraza el territorio con más de 40 esculturas para celebrar el vínculo indisoluble que el artista inició en 1996 con la tradición artesanal local en la talla del mármol y la fundición en bronce.Esculturas con alturas de hasta 4 metros y pesos de hasta 6 toneladas podrán ser apreciadas en un contexto donde el equilibrio trasciende la dimensión formal para convertirse en el principio estructural de la exposición: la solidez del mármol, el calor del bronce y la luminosidad del acero se armonizan y encuentran en Pietrasanta su natural disposición.EL TIEMPO habló con el artista colombiano sobre esta exposición, su trayectoria y los distintos momentos que han marcado su carrera.¿Por qué 'Le Dimensioni dell’Equilibrio' era el título que necesitaba esta exposición para resumir 30 años de trabajo?'Le Dimensioni dell'Equilibrio' era el único título posible para estos 30 años porque mi trabajo siempre ha sido una búsqueda de equilibrio.No es solo el equilibrio físico: esa tensión entre una masa monumental de mármol, bronce o acero que parece flotar sobre una base mínima, desafiando la gravedad.Son 'Las Dimensiones', en plural. Es el equilibrio entre peso y levedad, entre geometría y organicidad, entre lo racional y lo poético. Entre la materia y el vacío. Entre la obra y el espectador, porque mi escultura quiere ser atravesada, tocada, habitada, no solo mirada.Pietrasanta es parte de ese equilibrio. Llegué aquí en 1996 y esta ciudad me dio las maestranzas, el conocimiento del mármol, la posibilidad de llevar al límite la materia. Esta exposición difusa, desde Piazza Duomo hasta el Pontile de Marina, es el reflejo de eso: 30 años de diálogo entre mi geometría y el espacio público.El equilibrio aparece como una idea central de la muestra. ¿Qué significa para usted el equilibrio hoy, después de tres décadas de carrera?Hoy el equilibrio es una filosofía de vida y una posición frente al mundo.Después de 30 años entiendo que mi escultura busca un equilibrio entre lo que pesa y lo que aspira a ser etéreo. Entre la solidez del mármol, el calor del bronce y la luz del acero. Entre la geometría que estructura todo y la forma orgánica que quiere ser libre.Es también el equilibrio entre la obra y el espacio. Una escultura no termina en su borde, continúa en el vacío que la rodea, en la luz que la atraviesa, en la persona que la camina y la siente. Por eso esta muestra en Pietrasanta es tan importante para mí. La obra tiene que encontrar su equilibrio con la arquitectura, el paisaje y la gente. Y finalmente, es un equilibrio interior. Mi obra propone una pausa, un punto de quietud y armonía. Eso he buscado durante 30 años en Pietrasanta, que es mi segunda casa desde 1996.Más de 40 esculturas ocupan plazas, iglesias, claustros, museos y espacios abiertos. ¿Cómo cambia una escultura cuando deja de estar en una sala y empieza a dialogar con una ciudad?En el estudio o en una sala, yo controlo todo: la luz, la distancia, el silencio. En la ciudad, la obra tiene que aprender a vivir. Tiene que dialogar con la historia de la Plaza Duomo, con el silencio y la memoria de la Chiesa di Sant'Agostino, con la luz infinita del Pontile en la Marina.La ciudad le da a la escultura una nueva dimensión. Las formas geométricas que he trabajado por 30 años se confrontan con la arquitectura medieval, con el paso de la gente, con el cielo cambiante de la Versilia entre los Apuanes y el Tirreno.La escultura le devuelve algo a la ciudad: le crea una nueva perspectiva, un nuevo punto de vista, una pausa. La gente no la mira como en un museo, la encuentra, la habita, la rodea, los niños la tocan y la disfrutan.Eso es 'Le Dimensioni dell'Equilibrio': obras que no están puestas en la ciudad, sino que están en equilibrio con ella.Esculturas con alturas de hasta 4 metros y pesos de hasta 6 toneladas ser podrán ser apreciadas. Foto:Cortesía¿Qué obra de esta exposición siente que representa mejor al Gustavo Vélez de hoy y por qué?Es difícil elegir entre más de 40, pero si tengo que decir una, es la gran escultura que está en el corazón de Plaza Duomo: 'Focus'.Esa obra me representa hoy porque es la síntesis de 30 años en Pietrasanta. Es monumental, pero parece no tener peso. Es una forma geométrica absolutamente rigurosa, casi matemática, pero al mismo tiempo tiene un movimiento orgánico que quiere volar.Ahí está todo lo que busco ahora: la solidez del mármol que aprendí con los artesanos, la tensión del acero, y sobre todo ese vacío, ese aire que la atraviesa. Ya no me interesa solo la materia, me interesa la energía que queda entre las formas, la luz que pasa a través.Focus es una escultura que no se impone, está en equilibrio. Mi gran interés es encontrar la armonía.Llegó a Pietrasanta con 21 años. ¿Qué veía aquel joven colombiano en esta ciudad que quizá hoy, después de 30 años, ya no puede ver de la misma manera?Cuando llegué a Pietrasanta veía un mito. Veía la ciudad donde trabajó Michelangelo, donde venían Botero, Mitoraj, Jean Michel Folon, Kan Yasuda, Vangi. Veía los laboratorios de mármol, escuchaba el sonido del martillo por las calles del centro histórico, olía el polvo del mármol. Era un joven colombiano que llegaba a la cuna de la escultura mundial con una maleta llena de sueños. Todo era mágico e inalcanzable.Veía la técnica, quería aprenderlo todo.Hoy, después de 30 años, ya no veo el mito, veo mi segundo hogar. Ya no veo la técnica, veo a las personas. Veo a Franco Cervietti, Claudio Palla, Marco Giannoni, Adolfo Mariani, los artesanos que se volvieron mis amigos y que me enseñaron que el mármol no se esculpe solo con las manos, sino con respeto.Gustavo Vélez durante el montaje de su obra. Foto:Gustavo VélezA los 21 años veía a Pietrasanta como una meta a conquistar. Hoy la veo como un lugar al que pertenezco y al que debía devolverle algo. Por eso 'Le Dimensioni dell'Equilibrio' no es una exposición mía en Pietrasanta, es una exposición con Pietrasanta y para Pietrasanta.Buscaba aprender a esculpir. Hoy busco aprender a estar en equilibrio.Treinta años después, ¿qué sigue buscando en el mármol que todavía no ha encontrado?Conozco su peso, su dureza, su resistencia, su memoria. Sé cómo se rompe y cómo resiste. Busco que el mármol vuele. Quiero que una escultura de cinco toneladas en su forma sólida se vuelva liviana y transparente.Busco algo más íntimo: el silencio. Pietrasanta me enseñó que dentro de cada bloque ya hay una forma en equilibrio, esperando. Yo solo quito lo que sobra para liberarla, como lo decía Miguel Ángel Buonarroti...Treinta años después sigo ahí con este gran tesoro, el mármol que todavía no me ha dicho su último secreto. El día que me lo diga, tendré que empezar de nuevo.Usted construyó buena parte de su carrera lejos de Colombia. ¿Alguna vez sintió que para ser reconocido internacionalmente tuvo que alejarse de su propio país?Nunca lo sentí como alejarme, lo sentí como expandir mi casa.Yo no me fui de Colombia, llevé a Colombia conmigo a Pietrasanta. Mi geometría, mi sentido del color aunque trabaje en mármol blanco, mi necesidad de equilibrio, todo eso viene de esa formación, de nuestra luz, de nuestra cultura precolombina, de nuestra forma de entender el espacio.Pero a los 21 años, cuando me encontré con el mármol, entendí algo muy claro: que si quería ser escultor de mármol monumental, tenía que estar donde está el mármol, donde están las manos que saben trabajarlo por su historia. Pietrasanta era el único lugar del mundo donde podía aprender a hacer lo que soñaba.Hoy mi obra está en más de 20 países, pero cuando me preguntan de dónde soy, sigo diciendo que soy colombiano. Y cuando una escultura mía se hace en mármol de Carrara, lleva adentro la disciplina y la obsesión por el equilibrio de ese joven que salió de Colombia hace 30 años.No tuve que alejarme para ser reconocido. Tuve que encontrar el lugar donde mi trabajo podía convertirse en realidad. Y ese lugar fue Pietrasanta.Si el mármol pudiera contar estos 30 años de su vida, ¿qué cree que diría de usted?Claramente diría que soy muy terco.Diría que llegué con 21 años creyendo que podía dominarlo, y que después de 30 años entendí que no se trata de dominarlo, sino de escucharlo.Creo que diría que al principio yo quería imponerle mis formas. Con los años aprendí a respetar su veta, su respiración, su tiempo. Ahora ya no peleo con él.Diría que soy un obsesivo del equilibrio, que paso horas mirando un vacío de un centímetro entre dos planos porque sé que ahí está todo. Y que a veces me quedo en el laboratorio hasta tarde, solo para ver cómo los cambios en la luz atraviesan la piedra.Y creo que diría, con su humor de piedra milenaria, que después de 30 años juntos, finalmente estoy empezando a entenderlo un poco...CAMILO PEÑA CASTAÑEDA - EDITOR VIDA DE HOY Y CULTURA Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










