La industria vitivinícola enfrenta nuevos desafíos vinculados con la sustentabilidad, la competitividad internacional y los cambios en los hábitos de consumo. Desde San Patricio del Chañar, en Neuquén, Ana Viola, CEO de Bodegas Malma, explicó cómo su familia desarrolló un proyecto que combina producción de vino, eficiencia en el uso de los recursos y distintas certificaciones.

El emprendimiento comenzó con su padre, quien buscaba desarrollar nuevas alternativas productivas en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén. “Se dio cuenta de que era un lugar ideal para plantar vides, y así arrancó el proyecto familiar”, recordó Viola.

Un proyecto familiar con raíces en la Patagonia

Viola contó que toda la familia terminó involucrándose en el mundo del vino. Ella misma dejó la medicina para incorporarse al emprendimiento, mientras su hermano también abandonó otra actividad para sumarse al proyecto.

Según explicó, la familia fue pionera en el desarrollo vitivinícola de San Patricio del Chañar y desde 2019 el proyecto pasó a ser completamente familiar. A partir de entonces profundizaron una estrategia basada en certificaciones de sustentabilidad, producción orgánica, medición de huella de carbono y vinos veganos.