NoticiaCon una filosofía basada en partidas limitadas y tradición familiar, la bodega mendocina avanza en los trámites para vender sus vinos en el país.Bressia nació en Mendoza con una apuesta arriesgada por los vinos boutique y las partidas limitadas. 25 años después, busca llevar esa experiencia a restaurantes de alta gama colombianos. Foto: BressiaPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD01.08.2026 17:10 Actualizado: 01.08.2026 17:10
Cuando Walter Bressia decidió, en 2001, fundar una bodega con su propio apellido, ya llevaba treinta años dedicado al vino. No era un debutante que apostaba a ciegas: era uno de los enólogos más reconocidos de Mendoza y de Argentina, parte de lo que la industria bautizó como la generación dorada, el grupo de enólogos que entre los años ochenta y noventa viajó por el mundo, se capacitó afuera y terminó transformando el vino argentino de un producto de consumo masivo —el país llegó a beber 90 litros de vino per cápita— a una bebida pensada para la exportación y la varietalidad.Walter Bressia, patriarca y fundador de Bressia. Foto:BressiaBressia trabajó durante años en grandes bodegas junto a colegas de esa misma generación, enólogos que producían millones de litros al año y que, como él, salieron a recorrer el mundo para entender qué buscaban los mercados externos. “Cambiamos el estilo de vino que se consumía en Argentina”, cuenta. El país pasó de las damajuanas —esos garrafones de vidrio de cinco y diez litros que dominaban el mercado hasta los años ochenta— a las botellas con etiqueta, y del volumen a la varietalidad: Cabernet, Malbec, Chardonnay, Sauvignon Blanc.Con esa trayectoria a cuestas, fundar una bodega chica y de alta gama, en un momento en que el negocio del vino en Argentina pasaba por vender volumen a precio bajo, era, según admite el propio Bressia, “bastante arriesgado”. El modelo que eligió no salió de un manual de negocios sino de sus viajes a Italia, donde había quedado marcado por el funcionamiento de las bodegas familiares. “La familia entera son los integrantes de la empresa y se dedican todos a todo”, recuerda sobre esas empresas italianas que le sirvieron de espejo.De ahí nació la filosofía que Bressia mantiene hasta hoy: partidas limitadas, una calidad de vino que fuera creciendo y que no se perdiera por el volumen. Ese año, la bodega elaboró Bressia Profundo, su primer vino, “el que se llevó toda la energía porque era el primer vino, el que iba a sostener a la familia”, dice Walter. Es, admite, el vino con el que más se identifica —no porque sea mejor que las otras cerca de 20 etiquetas que hoy integran el portafolio de la bodega, sino porque “fue el vino que nos abrió las puertas”.La empresa creció, literalmente, dentro de la familia. Marita, la hija mayor, es licenciada en administración y hoy maneja el comercio exterior de la bodega; sus hermanos son ingenieros agrónomos, y Antonella, la menor, es licenciada en enología. Para Marita, no hubo una transición desde afuera hacia el negocio familiar, sino una continuidad natural. “Fue como una extensión de nuestra casa inicial a la bodega”, explica. “Como los hermanos de chicos crecimos y seguimos en el mismo vínculo y en el mismo espacio que después se transformó en lo laboral”.La segunda generación de Bressia está compuesta por cuatro hermanos: Marita, la mayor, al frente del comercio exterior y quien lleva el nombre de su madre; Walter, ingeniero agrónomo, quien lleva el nombre de su padre; Álvaro, también ingeniero agrónomo, y Antonella, la menor, licenciada en enología. Los dos mayores, cuenta Walter, “se han ocupado mucho de sus hermanos más chicos”. Detrás de ellos ya asoma una tercera generación —entre ellos Carola, nieta de Walter— que la familia imagina algún día al frente de la bodega. Hoy los cuatro hijos participan del proyecto y la segunda generación ya comienza a dejar su huella. Foto:BressiaEsa cercanía, dicen ambos, explica también una disciplina financiera poco común en el sector. “No le hemos perdido el respeto a la marca y trabajamos sobre la marca todos los días”, afirma Walter, quien asegura que la bodega evitó deliberadamente las rebajas y los regalos de producto que suelen erosionar el valor de una etiqueta. “Si las cosas te las regalan y no te cuestan, no las valorás”. La misma lógica rige los tiempos de producción: “La uva que está ingresando este año la vamos a venir a cobrar dentro de cinco años”, explica, en referencia al ciclo completo entre la cosecha, la crianza en madera, el embotellado, la guarda y la venta.Ese mismo cuidado por el detalle se refleja en La Estación del Alma, el restaurante que la bodega construyó dentro de su predio, en el departamento de Luján de Cuyo, provincia de Mendoza. Allí no hay un chef fijo: la cocina rota cada dos meses y el menú se reinventa según el ciclo biológico de la vid —brotación, floración, cuaje, vendimia, poda, lloro—, en un ejercicio de maridaje entre gastronomía y viticultura. “La idea es mostrar la identidad: el lugar, la cultura, la gente, el vino y la pasión, pero también desde la cocina, mostrando los ingredientes regionales”, explica Marita.Este año Bressia cumple 25 años, y la familia lo celebra con un evento distinto cada mes desde marzo, el mes en que nació el primer Bressia Profundo en 2001. Entre los hitos de esa historia figura Saro, un vino elaborado íntegramente por los cuatro nietos de la familia en homenaje a Rosario Bressia —Saro, para los suyos—, padre de Walter e hijo de inmigrantes sicilianos. La anécdota que más repiten en la bodega es que, sin planearlo, el fraccionamiento de ese vino terminó cayendo el mismo día del cumpleaños de Rosario. “Nuestros ángeles están con nosotros todo el tiempo”, dice Walter.Bressia llegará a ColombiaCon ese recorrido de 25 años, Bressia mira ahora hacia Colombia. “Estamos felices de poder entrar en Colombia, el mercado de Colombia, dentro de muy poco”, adelantó Walter durante la conversación. La bodega comenzó a negociar con un importador colombiano el año pasado y este año avanza en los registros sanitarios y de marca necesarios para vender sus vinos en el país, un trámite que, según le informaron, demora entre nueve meses y un año. “Ya llevamos algo así como seis meses”, precisó.La llegada a Colombia no busca los canales masivos de distribución, sino un puñado de restaurantes de alta gama. Bressia trabajará de la mano de un grupo vinculado a los restaurantes como Sauvage y Franc, y a distribuidores que la bodega identifica como conocedores del negocio en el país. Es una alianza que responde a la misma filosofía que sostiene a la bodega desde 2001: apostar por lo pequeño. “El mismo concepto que nos llevó desde la creación del proyecto es lo que mantenemos hoy”, resume Walter sobre la apuesta por bodegas boutique, partidas limitadas y clientes dispuestos a pagar por una copa de vino con historia, no por volumen.Desde su fundación, Bressia eligió producir partidas limitadas para proteger la calidad. Foto:BressiaWalter, que el año próximo cumplirá medio siglo dedicado al vino, dice tener “un cierto optimismo” sobre el futuro de la actividad, aun en medio de la crisis económica argentina y los cambios que el clima están generando en el vino. “Se consume menos volumen, pero se consume más calidad”, sostiene. Su sueño, dice, es que Bressia llegue a los 100 años. El de Marita es todavía más ambicioso: “Me gustaría que la bodega tenga 300, 400 años. No sé cómo se hace, pero me gustaría que sea eterna”.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros(*) Esta experiencia fue posible gracias a una invitación de Visit Argentina, en el marco de un recorrido por la oferta gastronómica y turística del país. Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








