Espero que hayáis tenido un muy buen verano. Veréis que los primeros días sentís que la vida con obligaciones no tiene sentido, pero no os preocupéis, el tiempo arrastrará esa sensación como las olas hacen con las huellas y convertirá el dolor en bonitos recuerdos. En mi caso, tengo la suerte de regresar a un trabajo que me gusta y me permite aprender cada día y abordar uno de los principales problemas sociales y económicos: la vivienda. Entender cuáles son las causas, quiénes son los responsables de este problema y señalarlos es estimulante y te hace sentir útil, pero no negaré que es también frustrante la sensación de que, por más que se denuncie, el problema persiste.

La izquierda y lleva un tiempo señalando sobre todo a los grandes fondos y empresas como responsables por las desbocadas subidas de precio, sobre todo del alquiler. Siempre he tenido reservas con respecto a esta lectura: si bien está claro que en el alquiler de temporada y de habitaciones para saltarse la ley ellos lo hacen a escala y exprimen los precios al alza en general, no cuesta nada encontrar a pequeños caseros o dueños de inmobiliarias medianas que prefieren poner al límite a sus inquilinos o echarlos para ganar más que hacer primar la estabilidad o, si me apuras, los derechos humanos. De hecho, lo que cuesta es encontrar a quien apueste por este último.