Este miércoles, varios equipos de TVE tuvieron que abandonar la concentración “de apoyo a Ceuta” celebrada en Madrid al recibir golpes, empujones e insultos (“puta, ”traidores“, ”delincuentes“, ”mamporreros“) de los asistentes que, en teoría, siempre en teoría, estaban allí para manifestar su apoyo a la población ceutí. No es, ni mucho menos, la primera vez que ocurre algo así en las últimas semanas. Hace unos días, varias personas rodearon a un reportero de La Sexta hasta llegar a escupirle mientras intentaba hacer una conexión en directo, o distintos equipos de RTVE desplazados a Ceuta vivieron situaciones de hostigamiento, insultos y amenazas.

Una cuestión básica para empezar: la inmensa mayoría de los periodistas que están cubriendo lo que sucede en Ceuta son simples redactores, reporteros y cámaras, profesionales que se limitan a hacer lo que le ordena el editor o el redactor jefe de turno después de la reunión de escaleta que haya tenido lugar en el programa o medio en cuestión. No son pequeños comisarios políticos enviados desde Moncloa. El redactor que está esperando una conexión en directo no decide la política migratoria del Gobierno. Ese redactor lleva probablemente varios días desplazado, enlazando turnos interminables, buscando testimonios e informando. Y, sin embargo, los que menos poder de decisión tienen en toda la cadena informativa son quienes terminan pagando con su integridad física el desgaste de un discurso construido deliberadamente para denigrarlos.