Durante más de un siglo, la biología mantuvo un consenso firme sobre la causa de la depresión por consanguinidad (relación de parentesco por vínculo de sangre entre personas que tienen un antepasado común).La teoría clásica sostiene que la menor capacidad para sobrevivir o reproducirse en la descendencia de individuos emparentados ocurre porque estos heredan copias recesivas o defectuosas del mismo gen. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por Nicolás Bonel, investigador del Conicet en el Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida (Cerzos), pone en duda esta premisa. Un trabajo liderado por un científico del CONICET concluyó que la explicación clásica de la depresión por consanguinidad es insuficiente. Foto: gentileza investigadorEl trabajo, realizado junto a Patrice David, del Centre d’Écologie Fonctionnelle et Évolutive (CEFE-CNRS) de Francia, y publicado en la revista Evolution Letters, ofrece la primera evidencia experimental de que otros mecanismos, probablemente epigenéticos, resultan determinantes en este fenómeno evolutivo.El equipo científico diseñó un experimento para desacoplar el parentesco genealógico de la variación genética. Para ello, utilizaron al caracol Physa acuta, una especie hermafrodita de agua dulce. Tras someter a ejemplares a procesos de autofecundación durante 28 generaciones, lograron líneas experimentales con una variación genética casi inexistente.Physa acuta es un caracol hermafrodita de agua dulce ampliamente utilizado como organismo modelo en estudios de consanguinidad
Chau a uno de los mitos de genética y ADN más difundidos: un hallazgo argentino desafía un dogma científico de más de 100 años sobre la consanguinidad
Investigadores del CONICET descubrieron que factores epigenéticos inciden en la supervivencia de los descendientes de parientes








