Gonzalo Aguirregomezcorta S�dneyActualizado Viernes,
septiembre
00:12Con su reci�n finalizada visita de tres d�as a Egipto, Xi Jinping ha consolidado el giro estrat�gico que China ha ido tejiendo en Oriente Pr�ximo. El presidente chino ha cerrado el c�rculo tras cuatro a�os sin pisar la regi�n, y ha pasado de ser un actor cuya influencia descansaba fundamentalmente en lo econ�mico en 2022, a establecerse como mediador diplom�tico en 2023 y 2024 y, finalmente, postularse como uno de los arquitectos de la seguridad regional esta misma semana. Esta evoluci�n se consuma mientras Estados Unidos parece quedar rezagado -desgastada por las tensiones con Ir�n y la falta de ideas- y con una influencia regional visiblemente mermada. La presencia de Xi en El Cairo extiende abiertamente el pulso entre las dos superpotencias en uno de los escenarios m�s inestables del planeta.El gran mensaje que ha dejado Xi en su encuentro con el mandatario egipcio, Abdel Fatah al Sisi, es que Oriente Pr�ximo debe oponerse a las injerencias externas y ser "due�o de sus propios asuntos". El l�der chino ha propuesto reconfigurar el orden de seguridad regional mediante el "fortalecimiento del di�logo", una postura que se alinea con la Iniciativa de Seguridad Global impulsada por Pek�n tras la invasi�n rusa de Ucrania. A trav�s de ella, China defiende que la seguridad de un pa�s no debe garantizarse a expensas de otros y exige el respeto a la integridad territorial y el cumplimiento estricto de la Carta de las Naciones Unidas. Xi ha llevado esta premisa a Oriente Pr�ximo a trav�s de Egipto, un pa�s bisagra para su estrategia: �rabe, africano, mediterr�neo, conectado al mar Rojo y due�o del Canal de Suez. El Cairo encuentra en Washington un socio fundamental, especialmente en materia militar y de seguridad, ya que EEUU proporciona a la naci�n norteafricana aproximadamente 1.300 millones de d�lares (cerca de 1.200 millones de euros) anuales. Pero Egipto lleva a�os diversificando sus relaciones y China se ha convertido en un socio econ�mico y tecnol�gico de primer nivel. Pek�n ha invertido fuertemente en la Zona Econ�mica del Canal de Suez y en proyectos de infraestructura, manufactura y energ�a. No hace falta que Al Sisi se aleje de Donald Trump para que Xi gane influencia. Le basta con que Egipto tenga a Pek�n como segundo gran socio. Hay sitio para todos. Cronolog�a reciente de la estrategia chinaLa apuesta china en Oriente Pr�ximo lleva a�os cocin�ndose. En diciembre de 2022, durante su visita a Arabia Saud�, Xi ya hab�a dibujado las primeras l�neas de una relaci�n que iba mucho m�s all� del petr�leo y las infraestructuras. En la primera cumbre China-�rabe, Pek�n puso sobre la mesa proyectos de desarrollo, energ�a, seguridad alimentaria, tecnolog�a y salud, pero tambi�n cooperaci�n militar, seguridad mar�tima, lucha contra el terrorismo y ciberseguridad. Xi ya hablaba entonces de construir una arquitectura de seguridad "com�n, integral, cooperativa y sostenible" para Oriente Pr�ximo. La diferencia es que aquella propuesta llegaba envuelta en comercio, inversi�n y la expansi�n de la Nueva Ruta de la Seda.El siguiente salto lleg� apenas tres meses despu�s. En marzo de 2023, China sent� a dos rivales hist�ricos, Arabia Saud� e Ir�n, y facilit� el acuerdo que restableci� sus relaciones diplom�ticas tras siete a�os de ruptura. Pek�n no necesit� tropas ni convertirse en �rbitro militar para asumir un papel que durante d�cadas hab�a correspondido principalmente a Washington. Su ventaja estaba en las buenas relaciones que manten�a con ambos pa�ses y en los intereses econ�micos compartidos. Adem�s, no arrastraba el mismo historial de intervenciones militares estadounidenses en la regi�n.Alrededor de un a�o despu�s, China volvi� a mediar. Mientras la guerra de Gaza devolv�a la cuesti�n palestina al centro de la pol�tica regional en 2024, Pek�n acogi� conversaciones entre Hamas, Al Fatah y otras facciones. Catorce grupos firmaron la Declaraci�n de Pek�n para intentar superar sus divisiones y preparar un futuro Gobierno de unidad. El acuerdo no logr� resolver la fractura palestina, pero volvi� a mostrar que China iba m�s all� de vender, invertir y comprar petr�leo, y que era capaz de sentar a rivales alrededor de una mesa. Aunque detr�s de ese gesto tambi�n haya una premisa interesada: cuanta m�s estabilidad, mayores son las oportunidades comerciales.Los cuatro puntos de Xi en El CairoY ahora llega Egipto. Los cuatro puntos de Xi -fortalecer los motores internos, adoptar un enfoque integrado, consolidar las bases del desarrollo y reforzar la coordinaci�n internacional- son la versi�n m�s pol�tica de una estrategia que Pek�n lleva a�os construyendo: que Oriente Pr�ximo resuelva sus problemas con menor dependencia de potencias externas, aborde sus conflictos de forma conjunta, vincule seguridad y desarrollo y devuelva peso al multilateralismo. No es todav�a una promesa de defensa al estilo estadounidense, sino un intento de cambiar las reglas de la seguridad regional.El momento es sumamente estrat�gico. La guerra con Ir�n ha reabierto entre los aliados de Washington el debate sobre su dependencia de EEUU. En este escenario, diversificar las alianzas se ha convertido en una obligaci�n que China est� sabiendo explotar a su favor.











