En el estrado del Tribunal Oral en lo Criminal de San Isidro, la estrategia de Leopoldo Luque se resumió en una imagen cruda: el Diego Maradona que analizaron los peritos tras su muerte parece no tener nada que ver con el hombre que él atendía. “Pareciera haber un paciente después de la muerte y otro en vida”, disparó el neurocirujano al sentarse a declarar por décima vez en el juicio que investiga el final del ídolo. El médico intentó desarmar lo que la junta interdisciplinaria volcó en su contra, marcando un quiebre en un debate que ya respira clima de veredicto, con un cronograma cerrado. La aparición de Luque frente a los magistrados este jueves tuvo un fuerte componente de improvisación. El cronograma original marcaba que la etapa de los testigos de las defensas debía inaugurarse con Antonio José Maya, un cirujano que actúa como perito de parte del propio acusado. Sin embargo, Maya pidió tiempo extra para pulir los detalles de su informe técnico, lo que obligó al tribunal a recalcular sobre la marcha y cederle el micrófono al principal imputado para que ampliara su indagatoria.
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