Rafael Ramírez (Caracas, 1963) fue durante años uno de los hombres más poderosos de Venezuela.
Designado presidente de la petrolera estatal, PDVSA, por el entonces presidente Hugo Chávez en 2004 y ministro de Petróleo el año siguiente, fue una figura clave en la época de mayor bonanza económica del chavismo.
Chávez hizo de PDVSA una de las banderas de su gobierno y gracias a los altos precios del petróleo y los ingresos de las exportaciones petroleras, pudo financiar ambiciosos programas sociales que contribuyeron a sus éxitos electorales.
Pero aquel castillo acabó desmoronándose, en medio de acusaciones de mala gestión y de corrupción.
La compañía acumuló deudas que no pudo pagar, sufrió el éxodo de su personal cualificado y la producción se desplomó de los 3,7 millones de barriles diarios que generaba antes de la llegada del chavismo al poder a los menos de 400.000 que fijaron su mínimo histórico en 2020.











