Cuando pensamos en el sistema inmunitario, solemos imaginarlo luchando contra virus o bacterias. Sin embargo, también funciona como un equipo de seguridad que patrulla constantemente una ciudad en busca de actividades sospechosas. Cada día aparecen en nuestro cuerpo miles de células con mutaciones potencialmente peligrosas que podrían dar lugar a tumores, pero la mayoría son eliminadas antes de que lleguemos siquiera a notar su existencia. Pero si nuestras defensas son capaces de detectar células cancerosas, ¿por qué aparece el cáncer?

La respuesta es que los tumores son expertos en pasar desapercibidos. A diferencia de virus y bacterias, que son claramente extraños para nuestro organismo, las células tumorales proceden de nuestro propio cuerpo. Aunque acumulan alteraciones que las hacen peligrosas, siguen conservando muchas características normales. Esto dificulta que el sistema inmunitario las identifique como una amenaza. Hoy sabemos que la evolución de un cáncer no depende únicamente de las células tumorales, sino también de la compleja interacción que mantienen con el sistema inmunitario.

La revolución de la inmunoterapia

Durante décadas, los tratamientos contra el cáncer se han basado en la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia. En los últimos años la inmunoterapia introdujo una idea diferente. En lugar de atacar al tumor de forma directa, ¿por qué no ayudar al propio sistema inmunitario a hacer el trabajo?