Actualizado 03/09/2026 - 11:57h.
Cuando el cronista o columnista duda el tema, suele coger la calle de enmedio, que es matar a alguien. Pero también puede resucitarse a alguien, porque ahí está Lorca, que habría cumplido noventa tacos de fusilado, anteayer, y que regresa en películas y otros formatos. ... Cada cierto tiempo lo redescubrimos, como si acabara de llegar de Nueva York, con la corbata torcida, una luna debajo del brazo y noticias novísimas sobre la nocturna sangre del amor. Llevo siempre de equipaje 'Poeta en Nueva York'. Fue para mí un deslumbramiento de juventud aquel Lorca de voltaje metafórico y estupefaciente, y no me he repuesto nunca de aquella descarga. Han envejecido muchas vanguardias, y algunos de quienes quisieron ser modernos. Lorca, en cambio, conserva intacta la vigencia, y la vigencia de la insolencia. En él la modernidad tiene siglos. Comprendió que la metáfora no sirve para decorar el mundo, sino para inventarlo. Antes de Lorca una luna podía ser una luna. Después de Lorca ya no estamos tan seguros. Ése es su gran escándalo. No el surrealismo, ni Nueva York, ni siquiera aquella formidable libertad imaginativa. Su escándalo consiste en que todavía no sabemos cómo lo hizo. La poesía sucede antes de que la inteligencia pueda explicarla. Hay imágenes de Lorca que nunca se ultiman. Por eso su vigencia es absoluta. Nuestro tiempo presume de imágenes, pero casi todas vienen fabricadas. Vivimos bajo un torrente visual y padecemos, sin embargo, la escase de la imaginación. Lorca hacía exactamente lo contrario. Cerraba los ojos y veía más. Encontraba parentescos clandestinos entre un caballo y la noche, entre una herida y una flor. Hizo del diccionario un cofre de fósforos. Igual Lorca está de moda, aunque las modas tienen la buena o mala costumbre de acabarse. Prefiero pensar que vuelve a circular Lorca con ardiente intensidad, que otra generación acaba de probar la sustancia peligrosa que es su idioma. Luego vendrán otras. Abrirán 'Poeta en Nueva York', el 'Romancero gitano' o los 'Sonetos del amor oscuro', y creerán que Federico acaba de escribirlos. Y será verdad. Los grandes poetas no alcanzan la posteridad. La posteridad no consigue alcanzarlos. «No hace ni frío ni calor. Hace Federico», dijo de él un ilustre. Pues eso. Hoy.








