Si una cosa tenía clara el escritor peruano-barcelonés Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) cuando, hace unos años, empezó a investigar para el libro El pastor y los lobos –que Seix Barral acaba de publicar– es que el sacerdote estadounidense Robert Francis Prevost no se fue a la localidad peruana de Chulucanas en 1985 “ni para prosperar, ni para ser importante dentro de la Iglesia, ni para vivir bien”. El autor de esta muy personal biografía sobre el Papa, en la que resuenan ecos de Carrère y de Cercas, intercala episodios dolorosos de su propia vida –como los abusos que sufrió por parte de un cura de su escuela–, otros de la de San Agustín, indaga sobre el sentido de la fe en el mundo de hoy y realiza revelaciones sobre la implacable lucha de Prevost contra mafias y abusadores e incluso saca a la luz algunos secretos del cónclave que eligió a León XIV como sucesor de Francisco.“Yo fui educado en el cristianismo de la teología de la liberación –afirma Roncagliolo, sentado en una tranquila terraza de la calle principal de S’Agaró, donde veranea–, y quise explicar, más allá de cómo alguien pasa del obispado de Chiclayo a Papa en tan solo dos años, la historia de todos estos curas de una tradición muy social, muchos de ellos asesinados por las dictaduras. Pero cuando empecé a investigar la vida de Prevost, lo que me apareció fue un thriller y, a la vez, empezaron a emerger un montón de recuerdos y de traumas de mi propia vida. Se fue transformando en un libro muy inesperado, fue un proceso de transformación personal muy poco habitual”.“Los curas y escritores buscamos un sentido a la vida”Cuando Roncagliolo contó por primera vez en Perú los tocamientos que había sufrido de niño por parte del padre Jaime, despertó una oleada de críticas... contra él mismo. “No lo entendí, porque la víctima era yo, pero luego vi que el abuso sexual es un crimen con muchos cómplices y perpetrado por gente que te quiere o dice que te quiere, que muy probablemente cree que te quiere, bajo el amparo de toda la otra gente que te quiere. Cuando acusas a un sacerdote de haber abusado de ti, también acusas al colegio, a la familia que te llevó a ese colegio y a los compañeros que no te protegieron. Es más fácil para todos ellos pensar que la culpa es de la víctima que no pensar que su mundo era tóxico. Eso creó unas redes de complicidad gigantescas con la pederastia”.Roncagliolo se desnuda como nunca en este libro. “Yo era un chico completamente perdido. Y me llamó la atención cómo muchos de los sacerdotes a los que entrevisto también lo eran. Algunos tiramos para artistas, otros tiraron para curas, pero éramos gente que necesitaba un sentido. Me hice escritor para buscar un orden en un mundo que se caía a pedazos”.“Me di cuenta –prosigue– de que todas las víctimas de los abusos sexuales que investigaba Prevost tenían algo en común: figuras paternas alcohólicas, enfermas, lejanas, rotas. Y lo que te ofrece la Iglesia Católica es un padre. Esencialmente, Dios es eso. Con lo cual mi propia historia con mi padre era la mejor manera de explicarlo”. Roncagliolo aborda el alcoholismo de su progenitor –que, mucho más tarde, sería ministro– así como los golpes que les propinaba a él y a su madre. “Yo podía contar desde ahí algo valioso para entender qué es la fe”.El tema de los malos tratos paternos aparecía, ficcionado, en su primer libro de cuentos, Crecer es un oficio triste (2003). “Mi padre se puso furioso. Yo le dije: ‘¿Qué quieres, que escriba de gatitos? Esta es la vida que yo he tenido, ni siquiera estoy poniendo tu nombre’. Y él me respondió: ‘No me importa que pongas mi nombre, pero espera a que me muera’. Y tardó 20 años en hacerlo, lo mató el covid, y esos fueron los mejores 20 años de nuestra relación, los de la reconciliación. Él se sentía muy culpable por lo que había sido... pero cambió y pidió perdón, y yo fui capaz de perdonar. Todo eso es algo muy cristiano también”.El pastor y los lobos se lee como una novela de intriga, con mafias, investigadores, incluso muertes... “Este Papa lidiaba con el lado oscuro y, como luchó contra los abusos sexuales, fue acusado él mismo de encubrir a un abusador sexual que había sido amigo suyo y cuya denuncia no prosperó. Se impuso un gran suspense también para mí ¿este hombre es bueno o es malo? ¿Estamos ante un hipócrita o ante alguien entregado a los demás? Yo tenía ganas de creer en Prevost. Este libro lo abordé en una época de mi vida en que ya creía en bien pocas cosas, y de repente me encontraba a estos misioneros, gente que entrega su vida a los demás, me emocionaban por su generosidad, haciendo cosas que yo (progresista de salón) no alcanzo siquiera a imaginar. Yo creo que, al final, el protagonista es bueno, pero no existe el bien como en las pelis de superhéroes: puedes hacer el bien y que haya víctimas”.Prevost también investigó a varios religiosos que metían la mano en la caja y fue implacable con ellos. Realizó un concienzudo rastreo de ingresos irregulares en cuentas bancarias y, con la documentación en la mano, se reunió con ellos. “Según algunas fuentes, les amenazó con enviarlos de monaguillos a Tanzania. No ha dudado en excomulgar, destituir o denunciar a las manzanas podridas, como cuando propició que Francisco se viera a solas con los periodistas que investigaban los casos de abuso sexual en la Iglesia peruana. No le tiembla la mano y, por eso, el Papa anterior se lo llevó a Roma y lo colocó en la línea de sucesión”.El autor revela que, en un momento de su vida, quiso ser sacerdote. Y narra también un episodio de su infancia: “Sufría terrores nocturnos cada noche, y la tensa situación en casa no me permitía buscar consuelo en mis padres. Hasta que un cura al que se lo conté me dijo: ‘Dios puede con cualquier mamarracho de esos a los que temes’. Así que le pedí ayuda a Él... y funcionó, empecé a dormir tranquilo. Y eso es la fe, un escudo contra el miedo. El mundo siempre es más extraño, oscuro y siniestro de lo que creemos. Y creer que hay algo más fuerte que tiende al bien es algo que necesitamos para vivir... aunque no lo llames Dios”.Santiago Roncagliolo, en el cementerio del PoblenouLlibert Teixidó / La VanguardiaTambién volvió Roncagliolo a acudir a misa “porque trato de conectar con todo esto. No diría que he visto la luz y que soy un creyente, pero sí creo que las cosas con las que he conectado son muy importantes: protegerte del miedo, aliviar el dolor, tener una comunidad, un sentido, son cosas que puedes buscar fuera del catolicismo. Pero no son cosas de las que puedes prescindir. Y son cosas que el racionalismo y el capitalismo nos han hecho olvidar”.Para el autor, hay dos iglesias, “dos maneras opuestas de entender a Dios entre el Viejo Testamento y el Nuevo. Puede ser este señor de barba que te vigila y te castiga, o esta divinidad que se encarna en la gente que sufre y que te obliga a servir. Eso genera las dos corrientes católicas”.Los enemigos de Prevost en el libro –además de delincuentes de diverso pelaje– son agrupaciones y algunos religiosos conservadores, como Ricardo Coronado o el arzobispo del Opus Dei Juan Luis Cipriani, con quien también Mario Vargas Llosa polemizaba de vez en cuando. “Esta gente –opina el biógrafo– son la obra de Juan Pablo II, quien era polaco y estaba aterrorizado del comunismo, tenía razones para ello, y entonces privilegió las órdenes que no se metían en lo social, que no hablaban tanto de pobres, pero sí de la familia, un tema más cómodo, eran grupos que además buscaban a sus seguidores entre los más ricos”. Una atmósfera en la que germinaron varios casos de abusos: “Hay más sexo del que nos gustaría en la Iglesia, y los muy reprimidos solo lo van a tener con quienes vayan a guardar el secreto, como los discípulos. Y si tu discípulo es de una clase elevada, donde el secreto arrastra a toda una sociedad, lo va a guardar mucho más. Y luego, para mantener contento a este chico del que has abusado, lo vas a ascender y él va a empezar a hacer lo mismo con otros chicos. Los escándalos, centenares de casos, son así: el sacerdote Karadima, los Legionarios de Cristo, el Sodalicio.... Benedicto renunció porque no podía dominar esto, y el proyecto de Francisco y ahora el de León es recuperar el control sobre esta gente, a veces disolviendo grupos, otras sancionando”.La parte final del libro revela sustanciosos episodios del cónclave, entre cuyos participantes se cuentan algunas fuentes de Roncagliolo. “Yo pensaba en lo increíblemente perdida que estaba toda la prensa –afirma–, hablando todos de Parolin, cuando no tenía la menor oportunidad y nadie hablaba de los que estaban más cerca, como Prevost. Narro una lucha encarnizada por el poder, pero también la esperanza y el esfuerzo de todos en cancelar las batallas, porque la Iglesia estuvo cerca del cisma en algún momento”.Entre esas luchas intestinas, figuran maniobras para manchar la reputación de Prevost al detectar que tiene posibilidades de ser el nuevo Papa. “Se promueve investigar a su amigo para que aparezcan fotos de ellos juntos, celebrando misa y otros testimonios de su amistad”.Hay escenas intensas, por ejemplo cuando el autor se confiesa. “Lo hice solo esa vez –explica–. Sentí que ciertas cosas no estaba mal examinarlas. La confesión es un sacramento espeluznante: ir y contarle a alguien lo que haces mal es darle un poder que, de hecho, fue usado por los abusadores, porque estos niños entregaban su intimidad a monstruos. Sin embargo, si no está pervertido, la idea de que tú pienses sobre qué haces mal y qué puedes hacer mejor es algo que no estaría mal. No me he vuelto a confesar pero sí he seguido haciendo exámenes de conciencia y creo que mi familia lo agradece. Dios no sé, pero mi familia sí lo nota”.Aparecen, por ejemplo, banqueros condenados por estafa, como el cardenal Becciu, quien, sin embargo, no pudo cumplir la pena “porque no hay cárceles en el Vaticano. Y ahí sigue él. La legalidad del Vaticano es una locura desde el punto de vista de un sistema moderno. La Iglesia no deroga leyes, simplemente un día legisla lo contrario de lo que había, y las leyes antiguas se van olvidando. Porque nadie puede contradecir al Papa anterior. Fundamentalmente lo que pasa es que el Vaticano no es una democracia, es la última monarquía absoluta de Occidente, y se hace lo que diga el jefe, y luego ya se arreglará con Dios. Este es el principio La infalibilidad del Papa, que nos parece absurda si creemos en una democracia normal, no es tanto un dogma de fe como un principio jurídico. Él no se equivoca, porque si él se equivoca, el sistema es imposible”.La más grandePerú erigirá una estatua de 14 metros de altura en honor al papaEl papa León XIV tendrá en Perú una estatua de su figura de 14 metros de altura frente al océano Pacífico, según anunció este jueves la Municipalidad del Callao, la portuaria ciudad vecina a Lima donde Robert Prevost ejerció como administrador de su diócesis.El monumento pretende ser el más grande del mundo dedicado al actual pontífice, según anunció el alcalde provincial del Callao, César Pérez, cuya meta es inaugurarla la escultura durante la visita que León XIV hará a Perú del 11 al 16 de noviembre.La estatua, que busca rendir homenaje a la labor de Robert Prevost como administrador de la Diócesis del Callao durante la pandemia de la covid-19, superará con creces en altura a otras esculturas que León XIV tiene ya en la ciudad de Chiclayo y alrededores, donde fue obispo durante ocho años.La imagen de León XIV con los brazos abiertos estará instalada en un parque público frente al mar del Callao, una jurisdicción que el Papa conoce muy bien desde los años en que estuvo a cargo de administrar su obispado, al mismo tiempo en que ejercía como obispo de Chiclayo, distante a más de 600 kilómetros al norte.“El papa era administrador del obispado del Callao, porque era obispo de Chiclayo, en la época del covid-19. Venía (al Callao) manejando su carro solo desde Chiclayo, que está a 600 kilómetros al norte, manejaba la donación de alimentos, de ayuda a los que menos tienen y más necesitan, esa era la forma de trabajar de Robert Prevost cuando era administrador del obispado del Callao”, recordó Pérez.Precisamente, el entonces monseñor Prevost también ofició misas para los feligreses del Callao y de Chiclayo en el atrio de sus templos en medio de calles vacías, en plena pandemia, cuando el coronavirus provocó miles de fallecidos en esas ciudades.La autoridad municipal confía en que la estatua “reflejará e incrementará la fe católica” y también el turismo nacional e internacional para el Callao.La imagen será instalada el 4 de noviembre y esperará a la llegada de León XIV a Perú, el día 11 de noviembre, para ser bendecida por él e incluida en su agenda de visitas en el país.León XIV realizará su primera gira por Sudamérica entre el 6 y 16 de noviembre, y estará en Perú del 11 al 16, lo que concretará así su esperado regreso como pontífice a Perú, donde se le considera el papa peruano tras haber adquirido su nacionalidad en 2015 y ejercer en él más de veinte años de vida pastoral, desde misionero hasta obispo, cuya labor en la Diócesis de Chiclayo lo llevó a ser convocado por el papa Francisco para el Vaticano.Redactor jefe de Cultura. Autor de libros como 'Aquellos años del boom' o 'Planeta Nobel'. Autor de varios documentales de temas literarios
Las asombrosas aventuras del obispo Prevost en Perú
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