Cuando Robert Prevost apareció en el balcón central de la Basílica de San Pedro convertido en León XIV, una de sus primeras decisiones fue abandonar el protocolo y dirigirse en castellano a los fieles de su antigua diócesis de Chiclayo. A diferencia de otros pontífices, para quienes América Latina fue un destino de misión o una escala diplomática, León XIV tiene una historia personal con el Perú: vivió en sus tierras más de veinte años en tres etapas distintas, se nacionalizó peruano y convirtió al país en el centro de buena parte de su vida pastoral. Este miércoles, el presidente, José María Balcázar, confirmó que esa historia tendrá un nuevo capítulo. Tras sostener una audiencia privada de dos horas con el Pontífice en el Vaticano, anunció que León XIV realizará una visita al Perú durante la primera quincena de noviembre, en un viaje que, por ahora, contempla escalas en Lima, Chiclayo, Piura, Cusco y Pucallpa.La noticia era esperada desde el mismo día de su elección. Pocos papas han acumulado una relación tan extensa y profunda con el país. Prevost pisó el Perú por primera vez en la década de los ochenta como misionero en Chulucanas, una localidad calurosa de la costa norte. En los años noventa desarrolló su labor religiosa en Trujillo, capital de La Libertad, y décadas más tarde fue designado obispo de Chiclayo, una responsabilidad que ejerció durante ocho años. En 2015 obtuvo la nacionalidad peruana, un gesto que reforzó una identificación que ya era evidente para quienes lo conocían. A ello se suma su paso como administrador apostólico del Callao, una experiencia que terminó de vincularlo con distintas realidades del país. Por eso, para muchos peruanos, la visita anunciada para noviembre tiene más de regreso que de gira internacional.Balcázar relató que durante la reunión el Papa evocó con especial afecto sus años en el norte peruano. Recordó a Chiclayo, conversó sobre su gente y hasta dedicó algunos minutos a hablar de la gastronomía lambayecana que conoció durante su etapa episcopal. “Ha sido muy generoso. Hemos hablado de la gastronomía chiclayana. Está entusiasmado de volver a comer en Chiclayo”, señaló el mandatario. La visita, según explicó, tendría una duración inicial de entre ocho y diez días, aunque el Gobierno peruano intentará que la permanencia sea más extensa. El propio Balcázar reconoció que existe interés en aprovechar la presencia del Pontífice para acercarlo a otros lugares que marcaron su trayectoria pastoral y que todavía no figuran en el itinerario oficial.Entre esos destinos aparecen Puno e Iquitos, dos ciudades cuya eventual incorporación dependerá de las evaluaciones logísticas y de seguridad que realiza el Vaticano. Sin embargo, hay otros lugares que parecen tener un significado más personal para León XIV. Se trata de Incahuasi y Cañaris, dos localidades altoandinas de Lambayeque caracterizadas por su difícil acceso y por albergar comunidades quechuahablantes a las que Prevost visitó repetidamente durante sus años como obispo de Chiclayo. “Está entusiasmado de conocer más y de poder ir en helicóptero de Chiclayo a Incahuasi y Cañaris”, afirmó. Durante años, el entonces obispo recorría esos caminos al volante de su propia camioneta; esta vez, el presidente aseguró que ha puesto a disposición un helicóptero para facilitar el desplazamiento si finalmente se concreta.Unión entre los peruanosLa audiencia también sirvió para abordar asuntos más inmediatos que la agenda pastoral. Según Balcázar, León XIV sigue con atención la situación política peruana y está plenamente informado sobre las recientes elecciones presidenciales, cuyo resultado continúa generando tensiones y cuestionamientos. “Tiene la esperanza de que los peruanos se unan y eviten mayores discrepancias. Y que el Perú deje de estar dividido políticamente. Él está muy atento al conteo de votos”, relató Balcázar a Radio Programas del Perú. Explicó que el Pontífice insistió en la necesidad de privilegiar el diálogo y construir acuerdos que trasciendan la coyuntura.Durante la conversación también se abordaron temas como las migraciones, la situación de los venezolanos en la región, los derechos humanos y la minería ilegal. Sin embargo, la realidad peruana ocupó un espacio central. Balcázar le informó sobre las medidas de seguridad previstas para las movilizaciones convocadas tras las elecciones y le transmitió que las autoridades esperan que las manifestaciones se desarrollen sin violencia. El Pontífice, según el mandatario, observa con atención el desenlace del proceso electoral y espera que el país encuentre una salida basada en el entendimiento antes que en la confrontación. “Él reclama que los peruanos, con esta votación, busquemos el bien común, y eso se logra a través del diálogo y de metas a largo plazo”, dijo. Aún faltan varios meses para que el avión papal aterrice en suelo peruano y el Vaticano deberá definir los detalles finales de una agenda que todavía puede ampliarse. Pero la expectativa ya está instalada. No solo porque será la primera visita de León XIV al país como jefe de la Iglesia católica, sino porque representa el regreso de un hombre que pasó buena parte de su vida recorriendo pueblos, parroquias y comunidades peruanas mucho antes de cubrir su cabeza con el solideo y colocarse el anillo del pescador. Para millones de peruanos será también el obispo que aprendió a hablar con acento norteño, que se nacionalizó peruano y que nunca dejó de mirar hacia Chiclayo incluso después de convertirse en el líder espiritual de más de mil millones de católicos.