Un informe policial realizado sin fuentes propias en Marruecos ha servido a Alberto Núñez Feijóo para pegar un fuerte volantazo a sus opiniones sobre las relaciones con el país vecino. Su prioridad había sido mantenerse al margen de cualquier crítica directa a Rabat y reservar sus ataques a Pedro Sánchez. Aspira a ser algún día presidente del Gobierno y no le interesa entrar en Moncloa con la etiqueta de enemigo de Marruecos. Es lo que intentó José María Aznar en 1996, aunque luego las relaciones terminaron siendo bastante turbulentas.
Feijóo ha decidido que la crisis de Ceuta es otra oportunidad que no puede desaprovechar para dar el tiro de gracia al Gobierno de Sánchez. Pocas horas antes de las concentraciones convocadas por los ayuntamientos gobernados por el Partido Popular, decidió elevar el nivel de sus exigencias con el fin de culpar a Mohamed VI y a su Gobierno de la entrada masiva de decenas de miles de personas a finales de julio. Sabiendo que Sánchez no quiere tomar esa decisión, Feijóo anunció que hay que aumentar la confrontación con Rabat al máximo nivel, al inmediatamente anterior a la ruptura de relaciones diplomáticas.
“La embajadora de Marruecos debe ser convocada de carácter inmediato para que dé explicaciones sobre las acciones de sus autoridades y para anunciarle medidas de respuesta iniciales”, dijo en Ceuta. Al mismo tiempo, reclamó que el embajador español en ese país sea presente en el Ministerio de Exteriores “para evaluar las medidas más adecuadas”. No se toman este tipo de decisiones si no hay un motivo para denunciar a ese Gobierno. No se convoca a un embajador extranjero para que informe, sino como forma de mostrarle el rechazo a lo que ha hecho su país.













