Alrededor de 300 carpetas, divididas por municipios y organizadas por orden alfabético. En su interior, imágenes sexuales de adolescentes, difundidas de forma no consentida. Se anunciaban en un grupo de Facebook y posteriormente se vendían a través de Telegram por tan solo 7,5 pesos (0,38 euros). Fue así, navegando por las redes sociales, como una adolescente mexicana de 16 años descubrió que sus imágenes privadas habían terminado a la venta.Su historia la recoge el informe A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual, publicado este jueves, elaborado por Unicef, Interpol y ECPAT International y que se trata de uno de los estudios de este tipo más amplios que existen. Estima que más de 20 millones de niños y adolescentes de entre 12 y 17 años en 21 países sufrieron al menos alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología durante un periodo de un año. Este dato equivale a uno de cada cinco menores que utilizan Internet en esos países. El análisis destaca la inteligencia artificial (IA) como un nuevo factor que ha aumentado los riesgos de abuso y explotación sexual. El informe estima que más de 1,1 millones de niños fueron víctimas de imágenes o videos sexuales falsos creados con IA, según los datos correspondientes a los países encuestados en la segunda fase del estudio, que se realizó entre 2024 y 2025. “Tú no tienes que hacer nada para que alguien coja tu foto y la ponga sobre una imagen de otra persona desnuda y haga que parezca realista. Pero varios estudios han demostrado que las consecuencias, en términos de las repercusiones sociales y el trauma para la salud mental, son comparables al abuso físico”, incide Kardefelt, que muestra su preocupación por el rápido avance y perfeccionamiento de la IA generativa, que puede llevar a un aumento en los próximos años de este tipo de abusos.El estudio se basa en encuestas a 21.000 niños y adolescentes de Etiopía, Kenia, Mozambique, Namibia, Tanzania, Uganda, Camboya, Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia, Vietnam, Brasil, Colombia, República Dominicana, México, Armenia, Montenegro, Macedonia del Norte, Serbia y Pakistán. Estos países se seleccionaron de forma que reflejaran una variedad de contextos, incluidos diferentes niveles de ingresos, tasas de uso de internet, sistemas de protección infantil y niveles de desarrollo digital.El análisis también se nutre de más de 100 entrevistas exhaustivas a supervivientes de estas violencias que “arrojan luz sobre el problema desde la perspectiva de los niños”, explica por videollamada Daniel Kardefelt Whinther, autor principal de la investigación en Unicef.Cerca del 60% de los casos se produjeron en redes sociales y el 14% en juegos ‘online’Los niños participantes podían marcar múltiples opciones en la encuesta, que cubrían siete formas de abuso sexual y explotación facilitadas por la tecnología.En solo un año, se estima que 15 millones de niños y niñas estuvieron expuestos a contenidos sexuales no deseados en los 21 países analizados. A nueve millones se les pidió que mantuvieran conversaciones de carácter sexual o que compartieran imágenes sexuales en contra de su voluntad y cuatro millones fueron víctimas de la difusión de imágenes sexuales sin su consentimiento.Cerca del 60% de los casos se produjeron en redes sociales y el 14% en juegos online. El 38% de los niños tuvo su primer contacto con su agresor a través de internet. En Brasil, una joven de 16 años relata cómo recibió a través de redes sociales una videollamada sexual no consentida de un desconocido que posteriormente la amenazó para que no se lo contara a su madre. “A día de hoy no sé quién lo hizo”. “Entrevistamos también a trabajadores sociales que nos contaron que es bastante habitual que los agresores busquen a cientos de niños y les envíen mensajes o solicitudes para ver quién responde”, explica el investigador. Kardefelt señala que otras características del diseño de las plataformas, como los mensajes directos o los chats ocultos o cifrados, pueden facilitar estas violencias digitales.Personas del entornoSin embargo, aunque los abusos sucedan a través de una pantalla, muchas experiencias comienzan en persona. Según la investigación, el 57% de los casos involucró a alguien a quien el niño ya conocía, como otros niños, parejas, amigos o familiares. Ese fue el caso de una chica mexicana que recuerda que a los 14 años unos hombres amigos de su hermana mayor le pidieron imágenes sexuales: “‘Mándame una foto tuya con el uniforme y levántate la falda’, me decía uno”. “Muy a menudo, cuando pensamos en el abuso sexual en línea, pensamos en un adulto pedófilo”, explica el investigador. Eso existe, remacha, pero a menudo también se trata de alguien del entorno del menor. “La tecnología se convierte en el medio a través del cual pueden acceder a ese niño de forma privada”, añade. “Puedes ganar su confianza, abusar de él y nadie en la comunidad puede verlo”. Aunque la prevalencia de estas violencias online es similar entre chicos y chicas, el género influye en los métodos de los agresores para ganar su confianza y coaccionarlos o en las consecuencias cuando intentan pedir ayuda y contar lo ocurrido. “Nuestra conclusión es que los chicos experimentan [este tipo de abusos] en una proporción mucho mayor de lo que podríamos pensar”, resume Kardefelt. Las niñas y adolescentes tienen más probabilidades de enfrentarse a la culpabilización, la presión social y las amenazas de los agresores. “Muchas de las jóvenes con las que hablamos nos dijeron que el agresor les amenazaba con contárselo a sus familias y comunidades”, explica Kardefelt. Los chicos, continúa, pueden enfrentarse a una mayor presión relacionada con la masculinidad y sentir que deben ser fuertes y afrontar el abuso por sí mismos. En algunos casos, los niños agredidos por hombres también pueden temer ser juzgados o considerados homosexuales, especialmente en países donde es tabú. Un joven gay de Montenegro explica por qué no le dijo a nadie que había recibido contenido sexual no deseado de hombres mayores: “Me sentía incómodo compartiéndolo, me daba vergüenza. Ahora ya no, ahora puedo hablar de ello. Pero creo que cuando tienes 15 años y todavía eres tan inseguro, te da vergüenza. Si lo cuento, ¿qué pensarán de mí? ¿Qué pasará?”. Según el análisis, más de cuatro de cada 10 casos nunca se contaron, por lo que la magnitud del problema es probable que sea mucho mayor. Menos del 1% denunció su experiencia a la policía, a un trabajador social o a través de una línea telefónica de ayuda. La razón más común para guardar silencio era, sencillamente, no saber a dónde acudir ni a quién contárselo, algo que ocurrió en el 25% de los casos. Los niños que sufrieron explotación online tenían cuatro veces más probabilidad de manifestar pensamientos o conductas suicidas y de autolesionarse, y más ansiedad que aquellos que no vivieron estas violencias.‘Mándame una foto tuya con el uniforme y levántate la falda’, me decía uno [de los hombres]Testimonio de una joven mexicana“Queremos insistir en la idea de que los niños no deberían ser responsables de protegerse a sí mismos, porque eso es, en gran medida, lo que ocurre actualmente”, incide Kardefelt. El investigador remarca la necesidad de que las empresas tecnológicas asuman mayor responsabilidad, identificando y eliminando aquellas características de diseño que facilitan el abuso, mejorando la privacidad por defecto, los sistemas de moderación y denuncia. También deben ser más transparentes y evaluar de forma rigurosa la eficacia de sus medidas de seguridad. En el ámbito de gobiernos y políticas públicas, es necesario modernizar la legislación para adaptarla a las nuevas formas de abuso sexual en línea y dotar a los organismos reguladores de suficiente autoridad y recursos para exigir responsabilidades a las plataformas, entre otras medidas.