OpiniónLa reconstrucción de las cifras fiscales que Miguel Gómez está haciendo, además de un ejercicio contable, asegura la gobernabilidad para el gobierno.PROFESOR TITULAR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL02.09.2026 22:01 Actualizado: 02.09.2026 22:01 La democracia en Colombia se ha degradado tanto que la continuidad administrativa que debía regir el tránsito entre un gobierno saliente y uno entrante se ha convertido en una prolongación de la confrontación electoral en el terreno gubernamental. Los que llegan no reciben unas instituciones fuertes, sino los restos de un naufragio deliberado o negligente, cuya reconstrucción va a consumir tiempo y energía que debían destinarse a la tarea de gobernar.El punto más sensible es la información. En Los nervios del gobierno (1963), Karl Deutsch analizaba el gobierno como un “sistema que se sostiene sobre flujos de información que permiten al decisor procesar el estado del entorno, procesar la información y corregir el rumbo con sus mecanismos de retroalimentación”. Cuando esos flujos se interrumpen, se degradan o se dejan de alimentar, colapsa el proceso mismo de gobierno.No es un asunto técnico. Para el equipo entrante, encontrar bases de datos incompletas, sistemas de reporte descontinuados o plataformas sin mantenimiento, el problema es de gobernabilidad. No basta que el nuevo presidente tenga el poder de tomar decisiones, decretar emergencias o hacer despidos o nombramientos. Se necesita lo que Michel Mann llama “poder infraestructural”, que es la capacidad que tienen los aparatos administrativos para convertir las decisiones de política en resultados de gobierno. El presidente puede recibir el mando, pero si su equipo no tiene el control de las herramientas que le permiten ejecutar las órdenes que imparte, en realidad no tiene el gobierno. Si “heredó el timón, pero no la brújula, ni el sextante ni la bitácora de navegación previa”, todavía no gobierna.Es apenas el inicio de una tarea larga y tediosa por asumir el control del mando que los colombianos han puesto en manos de Abelardo De La Espriella.El punto neurálgico está en las cifras fiscales. La base del sistema nervioso central que tiene un Estado para identificar, interpretar, regular y coordinar las acciones requeridas para operar. Cuando los flujos de la información fiscal se han degradado, el gobierno entrante recibe una situación de opacidad tal que ni siquiera es posible establecer el punto de partida para tratar los problemas que se deben resolver.De ahí la importancia del esfuerzo que está haciendo el nuevo equipo del Ministerio de Hacienda en la tarea de reconstruir las cifras que den cuenta de la magnitud del problema fiscal que dejó el gobierno Petro. En el proyecto de presupuesto para 2027 que se ha conocido, el nuevo gobierno ha puesto en evidencia algunas partidas presupuestales que el saliente había “olvidado” incorporar a la totalidad de los montos que se requieren: $ 25.864 billones en gastos de funcionamiento, de los cuales $ 20.325 billones son para transferencias (que se desagregan así: $ 6,5 billones para pensiones, $ 2 billones para salud, $ 9,6 billones para el FEPC, $ 761.000 millones para las universidades públicas y $ 1,4 para el resto de transferencias). Este monto se debe sumar a los $ 37,3 billones que no había “incorporado” en el servicio de la deuda, menos $ 3 billones de inversión que había calculado hacer de más, sin tener cómo. Eso explica los $ 59,2 que el gobierno entrante tuvo que incrementar para que se reflejaran de manera íntegra “las obligaciones legales y constitucionales con las que debe cumplir el Estado, fortalecer la disciplina fiscal mediante medidas de austeridad y preservar los recursos destinados a los sectores prioritarios”.La reconstrucción de las cifras fiscales que el equipo del Ministerio ha comenzado a hacer, además de un ejercicio contable, es una tarea para asegurar la gobernabilidad para el nuevo gobierno. Reconstruir series de ejecución presupuestal, verificar pasivos contingentes no reportados debidamente, ajustar las cifras de recaudo con las proyecciones heredadas del gobierno saliente y que sobredimensionan el optimismo en el cumplimiento de los compromisos futuros, así como recuperar la trazabilidad de los compromisos de gasto registrados de manera fragmentaria o inconsistente, es apenas el inicio de una tarea larga y tediosa por asumir el control del mando que los colombianos han puesto en manos de Abelardo De La Espriella. Una labor que va a consumir más tiempo y energía de la imaginada.* Profesor titular Facultad de Ingeniería, Universidad Nacional Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. 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