En 1986, Fernando Fernán Gómez estrenaba la película El viaje a ninguna parte, que narraba las peripecias de una compañía de teatro en plena posguerra. Esos “cómicos de la legua”, como se les conocía entonces, iban de pueblo en pueblo representando su repertorio de comedias y tragedias. Fernán Gómez escribió el guion a partir de su novela homónima, y la dirigió e interpretó acompañado de grandes nombres, como José Sacristán. Aunque Fernán Gómez era el director, empresario y actor principal de la compañía de cómicos, la historia giraba en torno del actor Carlos Galván, que interpretaba Sacristán.Por ello, el actor se considera con “la autoridad de contar esto” por todo lo que le unió a su “amigo y maestro”. Sacristán se refiere a una especie de memorias de Fernán Gómez, que expone en el espectáculo El hijo de la cómica, que ha escrito, ha dirigido y que interpreta, ahora en el teatro Romea de Barcelona hasta el 4 de octubre.En el escenario soy él, soy su madre, su maestro, su compañero de colegio, y también salgo yo”José Sacristán La obra parte del libro de memorias de Fernán Gómez El tiempo amarillo 1921-1943, “matizado con todas las conversaciones que él y yo tuvimos”, refiere. Y confiesa que fue gracias a Emma Cohen, actriz y pareja de Fernán Gómez, que los dos empezaron a tener esas charlas distendidas que tanto les gustaban: “Emma me dijo que estaba hasta el coño de que yo le hablara de Fernando y de que él le hablara de mí. ‘Sois dos tímidos de mierda’. Así fue como ella nos hizo de celestina”.Sacristán atiende a los medios de comunicación en el vestíbulo del Romea, y junto al director artístico del teatro, Josep Maria Pou, recuerdan que en los últimos seis años ha actuado en el teatro de la calle Hospital cinco temporadas, casi siempre inaugurando el curso: “Vengo aquí a cumplir años, estoy como en casa”, apunta el actor, que nació el 27 de septiembre de 1937 en Chinchón. A sus casi 89 años, declara: “Como decía mi amigo Fernán Gómez, ‘vamos durando’”.Sobre El hijo de la cómica, explica: “Nunca había hecho nada tan personal como este homenaje a mi amigo y maestro, y nunca había tenido un retorno tan agradecido”. Y recuerda las coincidencias entre sus abuelas, pues ambos fueron criados por ellas. “Entre nosotros había coincidencias puntuales y otras generales. Y cuando volvía de nuestras conversaciones, pensaba que eso lo tenía que contar. Han pasado muchos años, pero finalmente ha llegado el momento. Con este homenaje no solo se homenajea a un gran personaje, sino también a una época en la que, sin perder la dignidad, luchábamos por una vida mejor”, manifiesta.Lee también“En el escenario soy él, soy su madre, su maestro, su compañero de colegio, y también salgo yo. Soy 15 personajes y tenía miedo de que se convirtiera en algo que se me fuera de las manos, como Mari Carmen y sus muñecos. Pero al cabo de un año dando vueltas, considero que está consolidado”. Y añade: “No imito a Fernán Gómez, nunca, pero sí hay un aire. Una imitación hubiera sido temeraria. Pere Arquillué, a quien admiro mucho, con ese monólogo de Josep Maria Miró en el que interpreta a tantos personajes [ El cos més bonic que s’haurà trobat mai en aquest lloc ], me decía: ‘Cuanto menos, más’. Hay una línea de conducta actoral que es la que marca la memoria de esa persona y de cómo la van recordando otras personas. He tenido siempre presente no caer en ternurismos ni fáciles impresiones. Él era muy vigilante de no trabajar para la galería, no hacía ninguna concesión”.En la rueda de prensa, los recuerdos de Fernán Gómez, 16 años mayor que Sacristán, se entrelazan con los propios: “Recuerdo el año 61 del siglo pasado, el teatro Barcelona, la cafetería La Luna... Entonces yo era el meritorio de la compañía Infanta Isabel, y representábamos El cenador. Hacíamos obras de intriga, como Muerte en el Nilo, de Agatha Christie. Vivía entonces por 47 pesetas: 15 para comer, 15 para cenar y 17 para dormir, y ahorraba. En aquella época se anunciaba la tónica Schweppes, un nombre que era impronunciable, y como había ahorrado, me tomé una”.En el escenario, la silla y el cofre de costura son de mi abuela, y el cojín es de mi madre. Es la memoria emotiva de los actoresJosé SacristánCuando se le pregunta sobre la posibilidad de que él también escriba sus memorias, responde: “Ya se han publicado libros de conversaciones y ha habido dos editoriales que me han propuesto escribir mis memorias, incluso lo intentamos con David Trueba, pero no salió. Mientras el cómico Sacristán tenga trabajo... Pero no pierdo la intención de hacerlo”.Y explica que en escena hay una silla, con un cojín junto a un cofre de costura. “La silla y el cofre de costura son de mi abuela, y el cojín es de mi madre. Es la memoria emotiva de los actores. Pero eso no lo contéis”, concluye Sacristán.Redactor de Cultura y coordinador de los libros de estilo de las ediciones en castellano y en catalán del diario. Profesor asociado de la UPF y miembro de la Secció Filològica del IEC
José Sacristán: “Nunca había hecho nada tan personal como este homenaje a Fernán Gómez”
El actor de 89 años dirige e interpreta ‘El hijo de la cómica’ en el teatro Romea







