Si hay una imagen que represente casi a la perfección lo que representa en Festival de Venecia es la de George Clooney llegando al lido en un vaporetto. Una estrella de Hollywood, llena de glamour, llega a través del canal a la isla. Con sus gafas de sol, su carisma inigualable, saludando a la gente… Eso es lo que la Mostra quiere, el equilibrio entre estrellas, Hollywood y cine de autor. Y Clooney ha logrado ejemplificar eso, y por ello siempre ha tenido en el Festival de Venecia el mejor escaparate.

Fue aquí donde presentó Buenas noches y buena suerte, el filme que demostró que no solo era un rostro magnético, sino también un gran director. Ganó el Mejor guion, y desde entonces este ha sido el sitio donde los filmes que ha dirigido se presentan en sociedad. También aquellas películas que protagoniza. Hasta un filme tan formulaico como Wolfs, protagonizado junto a su amigo Brad Pitt, se presentó aquí fuera de concurso, y el año pasado rozó el premio de interpretación por Jay Kelly, homenaje a su figura que le escribió Noah Baumbach.

Ahora es la propia Mostra quien le homenajea con su León de Oro honorífico por toda su carrera. Y tiene sentido. La relación ha sido beneficiosa para ambos, y pocos cineastas de Hollywood en estos momentos no tienen miedo a sentarse en una rueda de prensa llena de periodistas en un momento en el que el mundo se tambalea.