Greenwood Energy, una multinacional estadounidense, llegó hace varios años al que, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) es “el lugar más irremplazable para las especies amenazadas en el mundo”.

No era la primera vez que en la Sierra Nevada de Santa Marta se hablaba de energía solar. “Nosotros tenemos varias comunidades que tienen sistemas de generación de energía con baterías que han llegado por medio de donaciones u otro tipo de proyectos”, cuenta Ati Viviam Villafaña, indígena arhuaca y politóloga de la Universidad Javeriana.

Sin embargo, la propuesta de la empresa norteamericana era distinta, pues proponía darle una participación a la comunidad indígena en la generación de recursos a partir de la venta de energía renovable al sistema eléctrico nacional. Además, planteaba la posibilidad de sumar tierras a su territorio.

Uno de los primeros pasos para construir el parque solar Terra Initiative, como decidieron llamar al proyecto, fue comprar un predio de 232 hectáreas. “De estas, solamente 38 hectáreas se intervienen para hacer el parque solar. Las demás son para la comunidad”, explica Marco Páez, director de Greenwood Energy en Colombia. El predio, explica, aunque fue comprado por la empresa, ya fue cedido en su totalidad (incluyendo las hectáreas que ocuparán los paneles solares) a la comunidad arhuaca. Allí, además, va a construirse un pueblo para la comunidad indígena, en el que tendrán acceso a vivienda, salud y educación.