Gran Área de la Bahía es el nombre francamente mejorable con el que China ha bautizado uno de los dos pulmones de su economía exportadora. El plan ostensible del gobierno es encauzar y optimizar su crecimiento, consolidándola como polo de la globalización. En segundo plano está la reintegración satisfactoria de Hong Kong y Macao. En aras de dicha vertebración se han invertido y se siguen invirtiendo cantidades astronómicas en infraestructuras, sobre todo de transporte. La estrella de la superproducción es Shenzhen, capital tecnológica y de manufactura avanzada. Pero Pekín tiene papeles para todos -incluida Cantón- mientras la tarta a repartir crezca allí más de un 6% anual. Se trata pues de un macroproyecto de ingeniería sociopolítica -y de ingeniería a secas- con consecuencias globales. “Es el motor de China”, dice con un punto de exageración un analista europeo asentado en la provincia de Guangdong. Es cierto que sus cifras no tienen parangón en el resto del mundo, pero son semejantes a las del área de Shanghai. Polo de la globalizaciónGran Área de la Bahía, una red urbana con la extensión de Croacia, la población de Alemania y el PIB de EspañaCon la diferencia sustantiva de que la Gran Área de la Bahía de Guangdong-Macao-Hong Kong -su nombre completo- articula ciudades que vivieron de espaldas o fingieron hacerlo. Por ello, la China se juega su prestigio en esta apuesta, así como la probabilidad de una futura reintegración pacífica de Taiwán. Aparte de las metrópolis ya citadas hay otras ciudades cantonesas -once en total- que conforman una fenomenal plataforma tecnológica, manufacturera y exportadora. Entre ellas, se incentiva una cierta división del trabajo, para que cada una se concentre en lo que mejor sabe hacer, en aras de la eficiencia. Robots humanoides en acción en el Museo de Ciencia y Tecnología de Shenzhen, ciudad laboratorio de la nueva China donde tienen sede varias de sus multinacionales, como UBTECH, Huawei, BYD o Tencent (WeChat). Qilai Shen / BloombergDe ahí que se mantenga el papel de Hong Kong como gran centro financiero internacional. Mientras que Shenzhen, que empezó su taller o su patio trasero, se ha convertido en capital o cocapital mundial de la robótica, el coche eléctrico o los móviles. Las sinergias entre Shenzhen y Hong Kong, piedra de toque del invento, han funcionado. Sobre todo para la primera. A menor escala y con menos aristas que en Hong Kong, también ocurre entre Zhuhai -que a menudo encabeza la tabla de calidad de vida en el país- y Macao. Mientras tanto, Cantón, capital administrativa y cultural de Guangdong, sigue siendo el centro neurálgico y logístico, con su Feria bianual como guinda internacional. Su aeropuerto todavía es el que desplaza a más pasajeros, aunque el puerto de Shenzhen ya expide más contenedores. Sus dos grandes vecinas, Foshan y Dongguan, han absorbido gran parte de su carga industrial. En el primer caso en la manufactura tradicional y en el segundo caso, como reino de la subcontrata, más sofisticada y vinculada a Shenzhen. Esta última es la piedra en el zapato, ya que hace treinta años no era nada y hoy rivaliza en población con la capital provincial, Cantón, a la que ya ha superado en riqueza. Como también lo ha hecho algún año Chongqing. Shenzhen, como esta última -y como Shanghai, Tianjin y la propia Pekín- es una ciudad gestionada en gran medida por el gobierno central, con el que se reparte los tributos. He aquí otra discrepancia a allanar por la GAB.La Gran Área de la Bahía pretende unir todas sus grandes ciudades en menos de una hora en alta velocidad. En gran medida, es ya un objetivo logrado y superado. Asimismo, se inaugurará en breve el nuevo paso fronterizo de Huanggan, entre Shenzhen y Hong Kong -con un solo control, en lugar de dos- en el mayor edificio actualmente en construcción en toda China, que será también el mayor del mundo en su género. Rascacielos en Hong KongGetty ImagesEntre ambas ciudades hace tiempo que se puede ir en tren, en 14 minutos, o incluso en metro. Desde Shenzhen a Cantón el trayecto puede durar entre 29 y 58 minutos, en alta velocidad. El objetivo es que todo esté a una hora como máximo, gracias al eje de alta velocidad este-oeste y a los dos ejes norte-sur. No menos importante es la conexión entre las distintas orillas del estuario, con los puentes de Humen, Huangpu, Nansha y, hace un par de años, el de Shenzhen con Zhongshan, la nueva ciudad ascendente. Aunque el no va más, el sistema de puentes y túneles marítimos más largo del mundo (55 km), que conecta Hong Kong con Macao y Zhuhai, se inauguró ya en 2018. Asimismo, tres de los doce puertos mundiales con mayor volumen de contenedores están en la Gran Área de la Bahía. Como lo está el noveno aeropuerto del mundo, Cantón; junto al primero en volumen de carga, Hong Kong, a la postre, octavo en número de pasajeros internacionales. Huelga decir que cuando China recose su geografía, de día y de noche, las costuras del planeta terminan notándolo. De la pesca a la robótica Shenzhen cambió las tornas y el reparto de papelesSi el río de las Perlas no fuera navegable no habría existido el emporio de Cantón. Aguas abajo, en su estuario, luego apareció Macao y mucho más tarde Hong Kong, con idéntico afán de mercancías de toda su cuenca. Deng Xiaoping entendió la simbiosis y le dio la vuelta, pegando la zona franca de Shenzhen, como una garrapata, a la piel brillante y cosmopolita de Hong Kong. Shenzhen -entonces un puñado de aldeas de pescadores- dobla hoy en tamaño a la excolonia y es pieza clave en su reabsorción a China. Su condición de escaparate de modernidad urbanística con zonas verdes y sus promesas laborales alimentan la estrategia de la seducción.Además Shenzhen es una ciudad joven y la mayoría de su población también lo es. Desde el principio desbordó el marco cantonés, convirtiéndose en una ciudad de estudiantes, obreros y profesionales cualificados llegados de toda China. De ahí que funcione en mandarín, mientras que en la mayor parte de la provincia -y no digamos en Hong Kong y Macao- se vive en cantonés. Es solo un ejemplo de las muchas suturas que requiere el proyecto de Gran Área de la Bahía, que van más allá del lema “un país, dos sistemas”. Aparte de la mayor protección legal del cantonés en las excolonias, también el chino se escribe allí de forma distinta, ya que ni Hong Kong ni Macao adoptaron en su día la escritura simplificada propugnada por Mao (como tampoco hizo Taiwán, aunque sí Singapur). Por no hablar de los acervos jurídicos propios y del autogobierno de ambas regiones administrativas especiales, que conservan su prefijo internacional y sus compañías telefónicas, entre otras muchas cosas. También su divisa, distinta al yuan, de modo que la pataca de Macao está anclada al dólar de Hong Kong, vinculado a su vez al dólar de EE.UU.. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.
China vertebra la Gran Área de la Bahía como su trampolín al mundo
Shenzhen, Hong Kong y Cantón se reparten los papeles en la gran plataforma exportadora






