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Durante la campaña y desde el 7 de agosto, el presidente De la Espriella ha dejado clara su posición frente a los diálogos de paz y ha obrado en consecuencia. Podemos sentir dolor y preocupación, pero no sorpresa.

Miles de colombianos afirman como veredicto de coctel que la paz fracasó; pero no le han preguntado a campesinos y a soldados rasos, a madres e hijos que no cayeron en medio del fuego cruzado, por qué nos pidieron una y cien veces que no nos levantáramos de las mesas. ¿Por qué su insistencia en que siguiéramos? Porque ellos, los sabios de la tierra y no los eruditos de inteligencia artificial son quienes agradecen cada vida salvada y sufren en orfandad propia la guerra que se aplaude en algunos círculos de poder.