La misma mañana en que Colombia removía entre los escombros los cientos de muertos que dejó el terremoto en el departamento del Chocó, el 10 de agosto, el presidente ultraderechista Abelardo de la Espriella rompía el consenso internacional al reconocer la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, el territorio sirio que ocupa desde la Guerra de los Seis Días de 1967 y que, pese al rechazo de la comunidad internacional, anexionó en los años ochenta.

Colombia se convertía así en el segundo país del mundo, después de Estados Unidos durante la primera Administración de Donald Trump, en reconocer la soberanía israelí sobre el territorio. Benjamín Netanyahu agradeció el gesto, mientras que una veintena de países árabes —entre ellos Egipto, Arabia Saudí, Qatar o Turquía— rechazaron la decisión del nuevo gobierno colombiano y recalcaron que viola “resoluciones de la legitimidad internacional” de la ONU.

El de Colombia fue el último episodio de un giro de varios países latinoamericanos que, con la llegada de la ultraderecha al poder en la región, voltearon su política exterior hacia Israel mientras buscan los favores y la simpatía de Estados Unidos.

“Este giro se explica por las nuevas narrativas de las nuevas derechas de la región —en algunos casos conservadoras, en otros casos radicales— que comparten elementos como, por ejemplo, priorizar las relaciones con Israel” para, según el experto en Relaciones Internacionales de la Universidad de Chile Gilberto Aranda, “lograr una buena sintonía” con Estados Unidos.