La nueva ola de gobernantes de derecha ha traído consigo un aumento de la influencia israelí en la región. Trump, la industria militar y hasta el “sionismo evangélico” juegan un papel importante en este acercamiento.

Por Leonardo Oliva / CONNECTAS*

En junio de 2023, el entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, recibió al de Irán, Ebrahim Raisi, para ratificar la alianza entre ambos países. Sin embargo, solo tres años después, en agosto de 2026, la reemplazante del hoy encarcelado Maduro, Delcy Rodríguez, restableció los servicios consulares con Israel, el mayor enemigo de Irán y con el que el chavismo había roto relaciones en 2009.

Así de ciclotímica es la diplomacia en gran parte de América Latina, cuando las relaciones exteriores a largo plazo ya no se establecen entre Estados, sino entre gobiernos, es decir, a corto plazo. Colombia es otro ejemplo: Gustavo Petro suspendió en 2024 el vínculo con Tel Aviv debido al “genocidio del pueblo palestino”; su sucesor, Abelardo de la Espriella, no solo acaba de reactivar la relación, sino que incluso fue más allá al reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, territorio sirio ocupado por Israel. Una medida que rompe el derecho internacional y que solo Estados Unidos había adoptado hasta ahora.