El lanzamiento del telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA ha sido un éxito y el observatorio ya viaja hacia el punto de Lagrange L2, situado a cerca de 1,6 millones de kilómetros de la Tierra, desde donde estudiará algunos de los grandes enigmas del universo. La misión analizará la energía oscura, la materia oscura y los exoplanetas con una capacidad de observación inédita para un telescopio de este tipo. Sin embargo, detrás del nombre elegido por la agencia estadounidense existe una historia menos conocida: la de Nancy Grace Roman, una astrónoma que abrió camino dentro de la NASA y desempeñó un papel decisivo para que los grandes observatorios espaciales llegaran a convertirse en realidad.

Nancy Grace Roman nació el 16 de mayo de 1925 en Nashville, Tennessee, y su interés por mirar más allá de la Tierra apareció muy pronto. Con apenas 11 años creó junto a varios compañeros de clase un club de astronomía en Reno, Nevada, dedicado a aprender sobre constelaciones y otros objetos celestes. Aquella curiosidad terminaría convirtiéndose en una carrera científica poco habitual para una mujer de su generación. Roman completó un programa intensivo de enseñanza secundaria y posteriormente estudió Astronomía en el Swarthmore College, donde obtuvo su licenciatura en 1946 mientras trabajaba en el Observatorio Sproul.