Nadie recuerda a James Cox. Ni siquiera Google. O por lo menos considera más relevantes a otros con el mismo nombre. En una búsqueda: un político y magnate de los medios de los ‘20; un director de cine, un multimillonario, otro político, un profesor universitario, un destacado quiroprático y otra vez, el multimillonario, una y otra vez, todos de Estados Unidos, por supuesto. Y tras muchos clicks, nada, de aquel orfebre y joyero, que creó algunas de las piezas más maravillosas del siglo XVIII.James Cox (1723-1800) pasó a la historia por sus autómatas y relojes mecánicos, piezas que no solo alimentaron la fascinación londinense por las maravillas técnicas, sino que también encontraron mercado en India y China y llegaron a influir en el comercio británico con Asia.PUBLICIDADEntre sus obras más conocidas figuran el El cisne plateado, construido en 1773 junto con John Joseph Merlin, y el aún más grandioso, pero menos conocido, Reloj del Pavo real, que hoy se encuentra en el Museo Hermitage de San Petersburgo. A esa lista se suma otra masterpiece, aunque no tan espectacular a la vista: un reloj impulsado por presión atmosférica, entre muchas otras piezas pensadas para el hogar.Se sabe que Cox inició su carrera como joyero al menos en 1751, aunque su reputación como orfebre continúa en disputa. Si bien era reconocido, nunca perteneció al gremio, por lo que se cree que subcontrataba buena parte de la producción. De alguna manera, Cox hacía lo que muchos artistas antes y después de su tiempo: tener la idea, armar el proyecto y poner la firma, pero que el trabajo duro lo hagan otros. PUBLICIDADEn 1741, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales trasladó desde la India hasta Róterdam a una rinoceronte llamada Miss Clara; el animal fue exhibido en las cortes europeas, desatando así casi dos décadas de rinomanía».
La belleza de la semana: el pavo real de oro, el cisne que atrapa peces y otros increíbles autómatas de un genio olvidado del S. XVIII
Orfebre, inventor y maestro de la publicidad, el joyero londinense James Cox construyó relojes mecánicos que deslumbraron a Oriente y eclipsaron a todos los museos de su época, pero por su ambición no pudo evitar la quiebra







