La conexión de la relojería con el universo infinito y todo lo que en él se mueve carga con siglos de historia. Las estrellas, planetas y sus satélites eran, y son, señales de tráfico que trazan autopistas que, desde tiempos ancestrales, han ayudado a los hombres a orientarse, sincronizar sus ritmos circadianos, descubrir lejanos territorios e impulsar el comercio. En este cosmos de amor relojero-astronómico durante la era moderna, Omega jugó un papel protagonista. Un trío de sus ejemplares se plantó en la Luna, allá en 1969 cuando, el hombre pisó por primera vez el satélite. Unos años antes, en 1965, la NASA había coronado al modelo Speedmaster con el apelativo de apto para todas sus misiones tripuladas (tras pasar un puñado de exigentes controles y pruebas). No era una exageración: en una ocasión, esos cronógrafos Omega impidieron la tragedia. En 1970, el Apolo 13 paseaba, tan campante, por el espacio. Un tanque de oxígeno reventó en la nave apenas dos días después de abandonar la Tierra. “Todavía recuerdo la repentina explosión a bordo y la sensación de haber aterrizado con éxito en el océano”, rememora James Lovell, capitán de la misión. Entre esos dos instantes, escuchar ¡bum! y amerizar en el agua, transcurrieron muchos, y fugaces, segundos… Se tuvieron que apiñar en el módulo lunar, el cual no se había diseñado para acoger a tantas personas durante tanto tiempo: más bocas, menos oxígeno. ¿Solución pasajera? “Cuando los relojes de la nave espacial se detuvieron, fue cuando necesitamos el Speedmaster. Sin nuestro equipo de navegación habitual, tuvimos que observar la Tierra y usarla como guía. Luego fue necesario encender el motor durante 14 segundos y apagarlo, así que usamos el reloj que llevaba Jack Swigert”, recuerda Lovell.La deflagración provocó, entre otras consecuencias, que el Apolo 13 se desviara de la trayectoria establecida: si penetraba en la atmósfera terrestre en un ángulo no deseado, rebotaría como una pelota de ping pong y la nave vagaría sin rumbo por el infinito espacio exterior. Para solventar ese contratiempo había que reajustar la trayectoria de manera manual. Pero solo se disponían de 14 segundos para encender el motor y enderezar el rumbo. Si las computadoras y demás trastos digitales dormían desenchufados, ¿quién iba a calcular con precisión los segundos de marras y de la salvación? El Speedmaster funcionó. Y muy bien. El 17 de abril de 1970, James Lovell y sus hombres besaron el agua oceánica. Un invitado imprevisto: SnoopyEl 5 de octubre de 1970, el astronauta Thomas P. Stafford, Comandante del Apolo 10, hizo entrega a la relojera Omega del Premio Snoopy de Plata. Consistía en un broche de plata de ley 925 más un certificado de Concienciación sobre Vuelos Tripulados rubricado por la tripulación del Apolo 13 (James Lovell, Jack Swigert y Fred Haise). La firma de Biel mereció el honor por su contribución y ayuda y colaboración en las aventuras de la NASA, en especial por aquellos providenciales 14 segundos. “Recuerdo haber entregado el premio Snoopy al Dr. Widmer [director técnico por entonces] de Omega en una pequeña ceremonia en mi oficina. Le agradecí a él y a los relojes de su manufactura el maravilloso servicio que nos habían brindado durante todo el programa espacial, pero en particular en el Apolo 13, porque el Speedmaster fue fundamental para ayudarnos a regresar a salvo a la Tierra”, recuerda el propio Stafford. Conviene aclarar cómo se convirtió Snoopy en el personaje protagonista de esta insignia. A Charles M. Schulz, el creador de este simpático beagle, le encantaba garabatearlo en la Luna. Corrían los años 60, en plena carrera espacial. El perro se transformó en un símbolo de esas inquietudes. En 1968 la NASA anhelaba una cara, un logo, un rostro que reflejara su programa de seguridad. Eligieron a Snoopy. Tanto le achucharon que los astronautas pergeñaron un premio, diseñado por Schulz: Premio Snoopy de Plata. Con su traje espacial y su emblemática bufanda de As Volador. Desde entonces, este premio, escogido por los propios astronautas, se concede a corporaciones, empresas, personas que han puesto su granito de arena en el éxito de las misiones espaciales tripuladas. Se otorga con cuentagotas. En 1970 la fortuna recayó en Omega. Medio siglo después de que el Dr. Widmer recibiera el galardón, Omega ha decidido crear un Speedmaster conmemorativo. El resultado es el ‘Silver Snoopy Award’ 50.º Aniversario, en el que relumbra, a modo de medallón de plata, en relieve, en una subesfera ubicada a las 9 horas el famoso e imperturbable y flemático personaje canino. En la esfera de plata grabada con láser Ag925, al can de Schulz le acompañan un par de subesferas azules (el lienzo clásico de un cronógrafo), índices horarios y agujas (vence el tono azul) de diseño angular. Un diseño lleno de guiñosLa caja de acero de 42 mm, inspirada en el Speedmaster de cuarta generación que caminó por la Luna en el 69, oculta en fondo un relato que evoca los mecanismos autómatas: en la imagen, Snoopy vuela en un módulo espacial en blanco y negro animado sobre una manecilla que no se atisba (la fascinación de la magia, del truco, de los autómatas). Se pulsa el segundero del cronógrafo y el Beagle deambula alrededor de un cristal de zafiro metalizado que representa (con un realismo apabullante) la ex misteriosa cara oculta de la Luna. En el lienzo se vislumbra la Tierra, un disco que gira una vez por minuto en sincronía con la subesfera del segundero del Speedmaster. Los personajes de la escenografía se mueven entre un decorado negro, tachonado de puntos , bajo una frase que ocupa la zona superior del telón: “Eyes on the Stars” (“Ojos en las estrellas”). El tono dominante es el azul. Ese es el color de la correa de nailon, enhebrada con la trayectoria de la misión del Apolo 13 en el forro. También es azul el bisel de cerámica. El órgano que genera impulso al cronógrafo es el calibre Omega Co-Axial Master Chronometer 3861, evolución del movimiento Moonwatch, con sus certificados de antimagnetismo y de Master Chronometer del Instituto Federal Suizo de Metrología (METAS). Apuntaba a edición limitada, pero no. Snoopy es universal, como el universo.