Los productores andaluces de tomate para uso industrial, principalmente para pizzas y concentrados, prevén una buena campaña con un aumento de la cosecha de un 10%. En estas previsiones, las ventas fuera de España suponen su gran objetivo y negocio: en torno al 90% del producto elaborado se destina a exportación, principalmente a mercados europeos como Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Portugal, Polonia, Austria, Finlandia, Suecia, República Checa, Estonia o Lituania, además de Reino Unido.La sociedad cooperativa Las Marismas de Lebrija (Sevilla) ha superado ya la mitad de la campaña que cuenta este año con 1.200 hectáreas de tomate de industria y un rendimiento esperado en campo de alrededor de 110 toneladas por hectárea. La fábrica de Las Marismas tiene capacidad para transformar en torno a 4 millones de kilos diarios de tomate fresco, lo que exige una coordinación constante entre campo, agricultores, maquileros, transporte y fábrica.Uno de los elementos diferenciales de esta cooperativa es la proximidad entre las explotaciones y la fábrica. El tomate procede de parcelas situadas en un radio máximo aproximado de 15 kilómetros, lo que permite reducir los tiempos entre recolección y transformación hasta situarlos en torno a 5-8 horas. Esta cercanía contribuye a preservar la calidad de la materia prima y a reducir el impacto asociado al transporte.El tomate fresco se transforma mediante la extracción de agua, pieles y semillas, sin aditivos, para obtener un producto natural destinado a la industria alimentaria. A partir de esta materia prima, Las Marismas elabora pastas y salsas de tomate en diferentes concentraciones, refinaciones y envases, con usos industriales como bases para salsas, pizzas, platos preparados, sopas, cremas, tomate frito, kétchup y otras elaboraciones.El director general de Las Marismas, Eugenio Ferreira, destaca que la transformación de tomate de la cooperativa “genera valor añadido en origen y mantiene actividad industrial vinculada directamente al territorio”. Y la fuerte presencia en mercados exteriores exige cumplir estándares elevados en calidad, trazabilidad, seguridad alimentaria, sostenibilidad y regularidad de suministro.La campaña tiene también una importante repercusión económica y social en Lebrija y el Bajo Guadalquivir. En esta campaña genera en torno a 300 puestos de trabajo directos, además de actividad indirecta vinculada al transporte, maquileros, talleres, suministros, logística, mantenimiento y otros servicios auxiliares. “La campaña de tomate va más allá de una actividad agrícola o industrial, siendo un verdadero motor de empleo, riqueza y tejido productivo para el entorno”, precisa Ferreira.El presidente de la cooperativa de Lebrija, José Tejero, señala que “el tomate de industria es estratégico para muchos agricultores y para una industria agroalimentaria que genera empleo y valor en nuestra zona”. No obstante, advierte de que “el sector necesita mayor protección y reglas de competencia equivalentes, porque los agricultores y las industrias europeas están asumiendo exigencias cada vez mayores en sostenibilidad, seguridad alimentaria, calidad y condiciones laborales, mientras compiten con productos de terceros países que no siempre responden a los mismos requisitos”.Así, Tejero considera necesario que las administraciones y la Unión Europea refuercen los mecanismos de control y protección ante situaciones que ya se han convertido en estructurales para el sector: el incremento de los costes de producción, la inestabilidad en los precios de insumos como fertilizantes, energía, combustibles y tratamientos, y la competencia de productos procedentes de terceros países. La cooperativa defiende que la capacidad de competir de la agricultura y la industria europeas debe apoyarse en la calidad, la trazabilidad, la sostenibilidad y el cumplimiento de todas las exigencias productivas, laborales y medioambientales.Las Marismas trabaja con estándares y certificaciones vinculadas a seguridad alimentaria, buenas prácticas agrícolas, sostenibilidad, medio ambiente, responsabilidad social y acceso a mercados internacionales, entre ellas BRC, Global GAP, LEAF Marque, SPRING, Producción Integrada, ISO 14001, Halal, Kosher y SMETA. Estos sistemas permiten responder a los requisitos de clientes nacionales e internacionales y garantizar un proceso controlado desde el campo hasta el producto final.Fundada en 1979, Las Marismas de Lebrija S.C.A. cuenta con 480 agricultores vinculados, una superficie agrícola de referencia de aproximadamente 14.500 hectáreas y una actividad centrada en cultivos como tomate de industria, coliflor, brócoli, cebolla morada, pimiento y zanahoria. La comercialización de tomate concentrado supone actualmente alrededor del 65 % del volumen de negocio de la cooperativa.
La campaña del tomate para uso industrial se dispara un 10% por el tirón de las exportaciones
Los productores de la materia prima para pizzas y congelados en el Bajo Guadalquivir confían en una buena temporada








