Actualizado Lunes,
agosto
07:56Ten�a 22 a�os y un proyecto muy claro por delante: dejar atr�s las dificultades del pasado y empezar una nueva vida en Suiza. Maria Spinelli, natural de Atri, en los Abruzos, hab�a llegado all� con la esperanza de encontrar un trabajo estable y, alg�n d�a, formar una familia. Un camino que todav�a estaba por construir, marcado por trabajos espor�dicos y sacrificios. Hasta que lleg� la noche en Aarau, en Suiza, donde muri� v�ctima del tiroteo ocurrido en el hip�dromo de Schachen, en el cant�n de Argovia.Quien cuenta c�mo era Maria es un vecino de su casa, que ha preferido permanecer en el anonimato. Viv�an en el mismo edificio desde hac�a menos de un a�o y, con el tiempo, hab�an entablado una relaci�n de amistad. "Era una chica sencilla, con una historia dif�cil a sus espaldas, pero, a pesar de todo, siempre ten�a una sonrisa. Era tranquila, dulce, cari�osa. Ten�a much�simas ganas de vivir", cuenta.Maria conoci� las dificultades desde muy joven. Creci� con sus padres separados y pas� �pocas de pobreza y sacrificios. Hablaba de sus or�genes roman�es y de su historia sin ocultar las dificultades que hab�a atravesado. "No se avergonzaba de su pasado", cuenta el vecino. "Sab�a lo que hab�a vivido y solo quer�a tener la oportunidad de cambiar", a�ade. Para ella, Suiza representaba precisamente esa oportunidad. "Quer�a empezar de nuevo. Buscaba trabajo, quer�a ser independiente y construirse un futuro. No quer�a volver atr�s: su objetivo era conseguir establecerse aqu�", relata con pena.Para salir adelante aceptaba trabajos ocasionales y, cuando pod�a, tambi�n ayudaba en el food truck de la familia con la que hab�a entablado amistad. "Cocinaba muy bien", recuerda el vecino. "Era una chica humilde, no le hac�a ascos al trabajo y se esforzaba por salir adelante", sentencia. Con aquella familia hab�a construido una relaci�n que iba mucho m�s all� de la simple proximidad entre vecinos. "Sab�amos que ten�a dificultades e intent�bamos ayudarla. A veces le hac�amos la compra y otras simplemente pas�bamos tiempo juntos. Habl�bamos, sal�amos, compart�amos las cosas normales de la vida. Con el tiempo se hab�a convertido en una m�s de la familia", explica.Y en aquella vida cotidiana Maria mostraba tambi�n un lado especialmente cari�oso. Estaba muy unida a los hijos de la pareja de vecinos. "Jugaba a menudo con ellos. Le encantaban los ni�os. Si pod�a, incluso les compraba alg�n peque�o regalo, hasta cuando ten�a poco dinero". Su generosidad, cuenta el vecino, no depend�a de sus posibilidades econ�micas: "Pensaba en los dem�s incluso cuando ella misma lo necesitaba. Era as�".Tambi�n estaba la m�sica, una de las pasiones a las que Maria dedicaba su tiempo libre. En particular, le encantaban la m�sica techno y las fiestas. "Cuando hab�a m�sica, intentaba estar all�. No se perd�a ninguna fiesta y a menudo sal�a con sus amigos. Le gustaba estar acompa�ada, divertirse y disfrutar de esos momentos de despreocupaci�n".Pero detr�s de aquellas ganas de divertirse segu�a estando, sobre todo, la necesidad de salir adelante y encontrar su lugar en la vida. "So�aba con un trabajo estable, una casa, algo que fuera suyo. Quer�a una familia y tener a alguien a su lado que pudiera darle seguridad. Solo deseaba una vida tranquila".Todos aquellos deseos reflejaban tambi�n una madurez poco habitual para su edad: "Aunque ten�a 22 a�os, era muy consciente de las cosas. Hab�a pasado por momentos dif�ciles y quiz� precisamente por eso parec�a mayor".El vecino vuelve finalmente a lo que queda despu�s de la tragedia: "La recuerdo por su sonrisa, por su dulzura y por la manera en que siempre intentaba seguir adelante. Hab�a venido a Suiza para construirse una vida diferente y estaba intentando, con todas sus fuerzas, conseguirlo".










