El ser humano desde siempre ha querido parar el paso del tiempo. Normal, durante miles de años -hasta casi el siglo XX- la esperanza de vida no llegaba a los 40 años. Que nadie se equivoque, porque eso no quería decir que no existiesen personas longevas de noventa años, que las había, aunque muy pocas. Pero precisamente por ello se envidiaban esas largas vidas, de modo y manera que la ciencia fue capaz de idear vacunas y medicinas para no morir prematuramente, por ejemplo, por un virus o una infección.Esos logros médicos, junto a los avances técnicos como el agua corriente y las infraestructuras urbanas, extendieron la higiene a todos los hogares para alargar, en apenas medio siglo, la esperanza de vida a un ritmo espectacular hasta los más de ochenta años de media actuales.Pero no era suficiente. Una vez que se consiguió vencer a la muerte prematura, se trataba de vencer a los signos externos de envejecimiento. Es entonces -como me ha contado este verano el doctor Ángel Durántez- cuando en Estados Unidos comienza, allá por los años 70 y 80 del pasado siglo, el germen de la industria del anti-aging. Inspirados en la ancestral cosmética -ya la usaban en el antiguo Egipto 4.000 años a.C.- y en los cánones de belleza de la Grecia clásica, aparece con fuerza la cirugía estética (implantes, liposucciones o retoques) para las mujeres y el culturismo para los hombres.De una manera más rigurosa, en esos años se institucionaliza el concepto de la prevención para envejecer mejor con la compresión de la morbilidad. Aparece entonces el término esperanza de vida con salud (healthspan) frente a la simple esperanza de vida (lifespan). Con ello, la industria del anti-aging se consolida basada en los complementos alimenticios, el fomento de estilos de vida saludables y los tratamientos hormonales.Con el cambio de siglo, esta medicina evoluciona para centrarse absolutamente en los sanos y, según el Dr. Durántez -quizás el mayor especialista en longevidad en España-, pasa a ser la medicina de las tres P: predictiva, personalizada y preventiva. Una especialidad que se adelanta a las futuras enfermedades antes de que aparezcan. Ahora vivimos un auge de todo lo anterior con una oferta inmensa que abarca desde los productos alimenticios a los suplementos, pasando por los ayunos y las tablas de ejercicio, sin olvidar los tratamientos hormonales, transfusiones y los avances de la cirugía no solo estética, que permite, por ejemplo, seguir con un alto rendimiento deportivo a pesar de la edad.Pero, al mismo tiempo, la ciencia de la longevidad ha seguido evolucionando y arrastrando detrás a la industria. Desde hace unos pocos años se habla de la ciencia para no envejecer con inversiones mil millonarias auspiciadas por inversores como Peter Thiel en Altos Labs o el propio fundador de Amazon, Jeff Bezos, que es la pura demostración, él mismo, del anti-aging. Ya hay aplicaciones en el mercado que se iniciaron para curar la diabetes o la obesidad, como la metformina o el Ozempic, que no solo son usadas por enfermos sino también por sanos debido a sus positivos efectos secundarios. Por no hablar del ARN mensajero, usado en la vacuna del Covid-19 y con aplicaciones en el ámbito de la longevidad.El resultado de todo lo anterior es la geromedicina que viene. La geromedicina y la terapia génica son dos campos de vanguardia que buscan tratar las enfermedades desde sus raíces biológicas y moleculares, en lugar de limitarse a aliviar los síntomas. La geromedicina trata el envejecimiento en sí mismo como un factor de riesgo modificable clave para prevenir múltiples enfermedades crónicas como el alzhéimer, el cáncer o los problemas cardiovasculares. El cambio de paradigma es que, frente a la medicina tradicional, que trata cada enfermedad de forma aislada cuando ya ha aparecido, la geromedicina actúa sobre los mecanismos biológicos del envejecimiento celular para prolongar los años de vida saludable. Para ello, no solo usa herramientas de diagnóstico avanzado para identificar los genes que regulan la velocidad a la que envejecemos, sino que diseña intervenciones y tratamientos personalizados mucho antes de que se manifiesten los síntomas clínicos de la vejez, como por ejemplo la transferencia de material genético (ADN o ARN) a las células para modificar el código genético que lleva escrita la enfermedad.Ya no es ciencia ficción ni una excentricidad, es real y se ha convertido en una demostración de la conocida como economía plateada o silver economy, en la que España puede ser referente mundial. Lo tenemos todo para ello: la mejor dieta del planeta con nuestro clima y una altísima esperanza de vida, así como profesionales de la medicina y empresas con ambición para lograrlo.