Los jardines de este parador de lujo, el cual acaba de culminar una reformar de 18 meses, siguen intactos, así como su glicina de más de 300 años

Hay hoteles tan imponentes que a una le da cierto pudor ponerse con exigencias mundanas. ¿Cómo pedir frenéticamente la contraseña del wifi ante una fachada atribuida a Miguel Ángel y una campana del siglo XV que tañe para anunciar tu llegada? ¿Puede haber algo mejor o más urgente en internet? Villa San Michele tiene el don de atrapar el tiempo y el espacio para recordar al turista soberbio que todo lo importante ya pasó allí 400 años antes de su llegada. No se tome usted tan en serio, parecen decir sus recios muros, y termine el check-in en silencio, como harían los frailes franciscanos que habitaron antes que nadie este edificio.

Tras una reforma de 18 meses, este hotel legendario —tan lejos y tan cerca de Florencia, que justo ahí reside su encanto— ha reabierto esta primavera. Una legión de fieles de todo el mundo tiene mucha curiosidad por saber cómo se ha adaptado esta joya durmiente de Belmond al lujo de hoy, y cuánto conserva de sus esencias. Lo descubrimos invitados por ellos. El jardín, tupido y aterrazado, sigue intacto, y la glicina de más de 300 años que en primavera cubre de flores violetas la fachada, también. Las novedades son un huerto de hierbas aromáticas, un jardín de lirios y un sendero de rosas diseñado para dar paseos contemplativos.