Caf� SteinerPara decepci�n de Ayuso, las comunidades ind�genas no agradecen a Espa�a su liberaci�nIsabel D�az Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid.EFEActualizado Domingo,
agosto
23:01Audio generado con IA��Quemadlo todo, no hay que dejar nada a los espa�oles!�. Es d�a de fiesta en Tilcara, Jujuy, donde, al caer la noche, el general Belgrano entra a caballo al grito de ��Viva la Patria!�. Se conmemora el �xodo Juje�o ordenado por Belgrano en junio de 1812 para escapar del ej�rcito realista espa�ol.Belgrano, nacido en Buenos Aires, se hab�a graduado de bachiller en Valladolid y en derecho en Madrid, pero hoy lee un bando que concluye con el anuncio de que se pasar� por las armas a todos los que no quemen sus cosechas y propiedades y secunden el �xodo. La libertad, como tantas veces en la historia, no era opcional.No hay que alarmarse por el aquelarre antiespa�ol ni esconder el acento entre la multitud que asiste al evento. Tampoco hace falta explicar que en Espa�a se hab�a proclamado el fin del absolutismo, promulgado una constituci�n liberal y tambi�n se estaba luchando contra un rey extranjero. En el restaurante donde cenamos a continuaci�n se advierte nuestro acento sin ning�n problema y, como en todo el viaje, los comensales de la mesa de al lado suelen preguntar: ��De d�nde sos?�. ��Ah!, �de Madrid? �Qu� lindo!� para continuar con un muy frecuente �mi abuelo era espa�ol�, etc., etc.Antes de la corona espa�ola, los incas dominaron estas tierras y a sus gentes, imponiendo tributos y suprimiendo algunas lenguas y tradiciones nativas. Y s�, como atestiguan las impresionantes momias del Llullaillaco que se exhiben en Salta, se sacrificaban ni�os de forma ritual. Pero, para decepci�n de la presidenta de la Comunidad de Madrid -traigo a colaci�n su torp�sima y fallida visita a M�xico- las comunidades ind�genas de hoy no celebran ni agradecen a Espa�a su liberaci�n.La historia de un pa�s es siempre compleja y no corresponde al extranjero dictar c�mo interpretarla ni mucho menos sentirla. Como el visitante de Buenos Aires puede comprobar si visita la Escuela de Mec�nica de la Armada, la muy patri�tica Junta Militar argentina no solo asesin� y desapareci� a m�s de 30.000 civiles, sino que mantuvo en el mismo centro de la ciudad un campo clandestino de concentraci�n y torturas en el que, al estilo Auschwitz, su comandante viv�a felizmente con su familia.No me consta que el 2 de mayo la Comunidad de Madrid invite al embajador franc�s a glosar las grandes contribuciones de Francia a nuestra cultura, historia y derechos. Pero podr�amos dar el paso y sentar as� un precedente.






