Paulinho da Viola llega a Argentina con una historia que contiene buena parte de la música popular brasileña. Hijo del guitarrista César Faria, creció en Botafogo rodeado por los encuentros musicales que su padre organizaba con el conjunto Época de Ouro. Allí conoció a figuras como Jacob do Bandolim y Pixinguinha, en un ambiente donde el choro y el samba convivían con naturalidad. Desde entonces construyó una obra que, durante casi seis décadas, enlazó tradición y renovación. En Quando o samba chama, recupera canciones que hacía tiempo no interpretaba junto a algunos de sus grandes éxitos. Para Paulinho, el paso del tiempo modifica la relación con cada composición y permite descubrirla nuevamente. A los 83 años vuelve el 5 de septiembre a Buenos Aires y sigue eligiendo el escenario como parte inseparable de su vida: “Siempre hay nuevos descubrimientos cuando volvemos a una canción: la distancia del tiempo o un momento de vida diferente son cosas que nos hacen mirar esa composición de otra manera”. —Después de casi seis décadas de carrera, Quando o samba chama propone volver a canciones que hacía mucho no interpretaba. ¿Qué descubriste en ellas al reencontrarte con ese repertorio tantos años después? —En mis shows, hay canciones que no puedo dejar fuera; son éxitos que el público espera escuchar. Sin embargo, sin dejar de lado esos temas que son más conocidos, me gusta revisitar canciones que no tuvieron tanto éxito cuando se lanzaron e, incluso, a veces temas que nunca llegué a grabar. Siempre hay nuevos descubrimientos cuando volvemos a una canción: la distancia del tiempo o un momento de vida diferente son cosas que nos hacen mirar esa composición de otra manera. El show puede ser una experiencia nueva para el público y, para nosotros los músicos, también.