El pulpo común o pulpo de roca (Octopus vulgaris), una especie de molusco cefalópodo octópodo de la familia Octopodidae.Claudio ÁlvarezDesde que vi el documental aquel, Lo que el pulpo me enseñó, consumo los sabrosos brazos de este cefalópodo con cierto sentimiento de culpa, como si practicara una forma menor de canibalismo. Antes lo cenaba sin problemas (es pura proteína) porque ignoraba que aquello que calentaba en el microondas poseía una vida interior. Observen el ojo de este ejemplar. Mira igual que miramos usted y yo. Hay algo detrás. Los pulpos aprenden, recuerdan, resuelven problemas, reconocen situaciones, sienten curiosidad y hasta se ha observado en ellos algo parecido al juego. Tienen, en fin, una cabeza que funciona, aunque gran parte de su sistema nervioso se encuentre repartido por las patas, lo que debería hacernos reflexionar sobre nuestra manía de concentrarlo todo en el cráneo o en los grandes centros comerciales.La fotografía ilustraba una noticia sobre el proyecto de construir en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria una granja para criar pulpos destinados al consumo. La palabra granja resulta aquí extraña. Lo malo de saber cosas acerca de lo que comemos es que luego, durante la dulce digestión, no podemos dejar de saberlas. La cultura gastronómica consiste en una administración cuidadosa de la ignorancia. Antes de dar cuenta de un hígado, lo transformamos en “algo” empaquetado al vacío.El pulpo de la fotografía, entretanto, nos mira. Nosotros estudiamos la posibilidad de criarlo a él, pero por la expresión de ese ojo cualquiera diría que es él quien estudia la posibilidad de criarnos a nosotros. ¿Quién dice que Madrid, por poner un ejemplo, no es ya una granja feroz de seres humanos?Archivado EnMaltrato animalPulpoBienestarGranjasLas Palmas de Gran CanariaPescadoDerechos animalesMedio ambiente
Una granja feroz
Desde que vi el documental aquel,<a href="https://elpais.com/ciencia/2021-04-17/el-pulpo-el-invertebrado-de-las-mil-rarezas-que-no-deja-de-sorprender-







