Hace un mes, Mario Marín, propietario junto a su mujer Lucía de Ca Mario, un premiado bar de almuerzos de Alfondeguilla, contaba a este periódico, desde la casa de su cuñada en la playa de Xilxes, el pesar por no saber cuándo podría volver a su casa. El fuego cercaba su municipio y varias poblaciones próximas al Parque Natural de la Serra d’Espadà, y Mario y Lucía fueron dos de las cerca de 15.000 personas que fueron desalojadas. Además, hubo 37.000 confinados en el incendio más grave que ha vivido la Comunidad Valenciana este verano. La superficie afectada alcanzó las 9.568 hectáreas, con un perímetro final de 89,35 kilómetros, de las cuales 3.750 hectáreas correspondían al paraje natural, aproximadamente el 40% de todo el terreno afectado.Ahora, Mario y Lucía, como el resto de vecinos de este municipio castellonense, tratan de recuperar la normalidad y los clientes, ya que, además del bar galardonado con el prestigioso premio Cacau d’Or que reconoce a aquellos establecimientos que cuidan la hora del almuerzo, tienen una casa rural.Cuenta Mario a La Vanguardia que estuvieron desalojados de sus viviendas desde el 25 de julio hasta el jueves 30 de julio. Nada más volver, pasaron todo el día limpiando y preparando el bar, muy atentos a las restricciones habituales de agua tras los incendios. Después de un incendio, es necesario esperar los resultados de los análisis de las autoridades antes de poder emplear el agua del grifo. Con suerte, explica Mario, pudieron abrir el sábado 1 de agosto por la tarde, aunque la entrada prevista para el fin de semana en la casa rural se anuló. “Eran unos chicos de Navarra que venían a los actos taurinos de la Vall d'Uixó”, la localidad donde se originó el fuego. Mario y su mujer estuvieron desalojados del 25 al 30 de julio; el 1 de julio ya reabieron el bar por la tardePese al incendio, cuenta el propietario del local que, tras la apertura y hasta las merecidas vacaciones, “los clientes han seguido respondiendo”. Aunque es cierto que algunos visitantes topan con el bar cuando van de excursión por la zona o hacen rutas ciclistas, mucha de su habitual clientela va adrede por los bocadillos. Además, apunta que, afortunadamente, en el pueblo no se ven, salvo desde un punto concreto, los efectos del incendio. Tampoco han detectado el llamado turismo de catástrofes, que parece ser un fenómeno creciente. Tal vez, porque para ver los destrozos del fuego, hay municipios desde donde es más accesible. “Sí que es cierto que algunos de los que vienen explican el paisaje lunar que ahora nos rodea”, pero en el pueblo, insiste, “la gente hace el día a día normal” y, de las conversaciones que él ha tenido, no parece que el fuego haya provocado grandes pérdidas en los bares, las dos casas rurales o las tiendas de alimentación de la localidad. De hecho, Casa Pipa, el establecimiento rural que gestiona su mujer, fue ocupado a los pocos días por una pareja de Chicago que se había trasladado hasta Castellón para ver el eclipse. “Sí que es cierto que nos preguntaron antes de venir por el incendio”, reconoce.Vista de una terraza de un bar de Artana (Castellón), uno de los municipios evacuados. Manuel Bruque / EFEMario teme que en otros municipios como Artana, Eslida o Tales, el daño de fuego pueda haber sido más dramático. Según los datos que facilitó en su comparecencia en las Corts, el conseller de Emergencias, Juan Carlos Valderrama, la localidad de Artana, limítrofe con Alfondeguilla, fue la más afectada con 3.125 hectáreas quemadas. “Nosotros tuvimos suerte y las llamas se quedaron lejos del casco urbano; ellos, pese al buen trabajo de prevención, tuvieron mucha más afectación en su término municipal”, explica el hostelero. Mario no ha hecho balance de las pérdidas económicas de esa semana que estuvieron cerrados por obligación, “prefiero pensar que nos hemos tomado una semana más de vacaciones”, e incluso duda de si pedirá las ayudas que se den a los afectados por el fuego. “Son caramelos envenenados”, opina.Con todo y pese al impacto del mayor incendio forestal del este verano, el dueño de Ca Mario se muestra optimista - “de aquí a un año veremos los efectos a largo plazo”- y cree que ahora, cuando vuelva a abrir tras las cortas vacaciones, “tendremos una avalancha de clientes”.Licenciado en Periodismo (2005) y Ciencias Políticas y de la Administración (2012). Redactor de La Vanguardia en la Comunidad Valenciana desde enero de 2021. Antes, en El Mundo. Ha participado en varios libros sobre la Comunidad Valenciana
Un mes después del incendio de la Vall d'Uixó, Alfondeguilla trata de recuperar la normalidad
Mario Marín, propietario de Ca Mario, recuerda la angustia del desalojo y mira con cierto optimismo el futuro: “Los clientes siguen viniendo”







