La lógica de la Ilustración quedó derogada. A partir del scroll, todos inventamos fantasmas que nos impiden ver la realidad con objetividad. En estas semanas, las fantasías de un exitoso taxista de los suburbios de Buenos Aires se instalaron como verdad política. El personaje asegura que, en cinco años, “puso” varios presidentes en América Latina y los maneja. Dice ser el delegado de Trump en la región y que controla una enorme fortuna: según su declaración jurada, gana un millón de dólares mensuales. También afirma que gobierna Bolivia, Argentina, Colombia, Chile, Ecuador y Honduras; dirige la campaña de Bolsonaro; y es el ideólogo de la ultraderecha. Parecería que la lucha por el poder se ha simplificado. Bastaría con insultar a diestra y siniestra, hacer campañas sucias, calumniar e instalar granjas de bots para engañar a los algoritmos. Así, el triunfo estaría asegurado. Es una distopía que presenta a la gente como estúpida y sometida a algoritmos que engañados por los bots, manipularían la mente de los electores.
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