Hay momentos en los que uno se detiene a escuchar el discurso oficial y no puede evitar la estupefacción. ¿De qué están hablando? Nos encontramos, una vez más, frente a una secuencia de disparates de una magnitud preocupante, donde la política exterior de la Argentina parece haber quedado entrampada entre fanaticadas de redes sociales, conspiraciones insólitas y un profundo desconocimiento de cómo funciona el mundo real. Empecemos por los “intelectuales” del Gobierno. Salió Agustín Laje a atribuir las recientes críticas y campañas en redes al “woquismo internacional”. Como si el woquismo —que en todo caso es una postura, una ideología, algo tan difuso y sin estructura como lo fue el movimiento hippie en su momento— tuviera un jefe de finanzas, una sede central o un comité ejecutivo orquestando un plan malévolo. Una tontería monumental. Pero claro, la narrativa oficial necesita un enemigo gigantesco para justificar sus propios tropiezos. Según esta lógica oficialista, existe una gran conspiración internacional para perjudicar al presidente Javier Milei porque, al parecer, la Argentina se ha convertido en el “faro de Occidente”.
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