El mundo está atravesando un cambio de estructura desde la unipolaridad norteamericana a la bipolaridad conflictiva con China; lo que abre a su vez perspectivas multipolares considerando a los BRICS y a la Unión Europea. Todo en medio de guerras interestatales y de la demolición por parte de Trump del sistema de Naciones Unidas construido al finalizar la Segunda Guerra Mundial. En medio de esos cambios, la eclosión de la IA y sus formas de manipulación de masas, conjugando la exclusión social, la ruptura de los tejidos orgánicos y la polarización política en medio de un creciente deterioro institucional, configuran un panorama de crisis cultural a escala global. En esa situación, la Argentina gobernada por Milei se encuentra en un proceso acelerado de descomposición social. Lejos del diálogo político, habitamos una torre de Babel, entregada a la especulación financiera, la entrega total de los recursos naturales y la sustitución de la política por los energúmenos. En este contexto, las veraces palabras de Monseñor García Cuerva en el Tedeum del 25 de mayo advirtiendo sobre el “desmembramiento social” no solo son un mensaje de alarma sino ante todo una semilla sembrada en la imaginación de quienes no perdimos el sentido profundo que anida en el proyecto argentino inconcluso.