Donald Trump selló este viernes el futuro petrolero de Venezuela. El republicano anunció que Estados Unidos se hará con yacimientos estratégicos del país en sociedad con una empresa privada de la que no dio ni el nombre. Lo hizo, dice, de la mano de la “respetable” Delcy Rodríguez, la presidenta encargada que gobierna bajo la tutela de facto de Washington desde la captura de Nicolás Maduro el pasado enero. Trump habla de controlar 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo (un 21,7% de los 300.000 millones de barriles estimados) y Rodríguez de 209.000 millones de dólares en impuestos y 100.000 millones de inversión. Se especula con que se está comprometiendo un siglo de operación. Pero la opacidad del contrato y su negociación —con estas cifras estratosféricas, pero sin condiciones conocidas— ha desatado una avalancha de reacciones, la mayoría negativas, dentro y fuera de Venezuela. Soberanía, intervención extranjera y la legitimidad de un pacto que compromete el futuro de las mayores riquezas del país han saltado de golpe al centro del debate.El anuncio parece haber marcado un antes y un después en la percepción que el venezolano tiene de Estados Unidos, que, a ojos de muchos, corre el riesgo de pasar de ser el salvador que iba a acabar con la tiranía al explotador de recursos que refuerza al régimen chavista. “Insisto en que, después del 3 de enero, el presidente Trump era visto como un héroe por la gran mayoría de los venezolanos y por una gran parte de los latinoamericanos”, escribía en sus redes Emmanuel Rincón, uno de los más activos influencers en defensa de María Corina Machado y también de las políticas ultraliberales de Trump. “Esa imagen ha cambiado dramáticamente en los últimos meses, y la forma en que se ha manejado este acuerdo solo empeorará la situación”.El desencanto abarca el campo democrático, pero también a visibles sectores del chavismo, descontentos con la conducción política de Rodríguez y sus continuas concesiones a la Casa Blanca.Y en un segundo plano, aunque no menor, arrecian las críticas por el papel que —según reportó Bloomberg— habría jugado en este acuerdo el empresario venezolano Alejandro Betancourt, sobre quien pesan investigaciones en Suiza y España por presunto lavado de activos vinculado a la estatal PDVSA. Pese a los cuestionamientos que lo persiguen hace más de una década, Betancourt se ha posicionado como una pieza clave en las negociaciones entre Washington y Miraflores. El trato de favor que recibe de la Casa Blanca llegó al punto de que altos funcionarios estadounidenses intervinieron para flexibilizar las restricciones de movimiento que enfrenta por su causa judicial en Suiza y que lo mantenían confinado en sus dos mansiones en el Reino Unido, según reveló este jueves The Washington Post. Lo necesitaban libre para destrabar sus negocios.Los primeros en reaccionar con argumentos menos pasionales han sido los economistas. Algunos se han puesto a hacer cuentas y están inquiriendo sobre las regalías y los beneficios que las arcas venezolanas recibirán de este mastodóntico negocio. “No sabemos nada de los términos reales del acuerdo, eso en sí mismo es un problema”, comenta Francisco Rodríguez, economista y académico venezolano. “Un plazo de 100 años de operaciones no tiene precedentes en la historia petrolera venezolana: ninguna concesión local a operadores extranjeros pasó de 50 años”. Y concluye: “Lo poco que sabemos no es alentador: 209.000 millones de dólares sobre 65.000 millones de barriles proyectados a explotar equivalen a 3,2 dólares por barril, menos del 5% del precio actual”.“Tenemos que conocer los detalles del acuerdo para poder evaluarlo con propiedad”, advertía Francisco Monaldi, director del Programa de Energía para América Latina en el Centro de Estudios Energéticos del Instituto Baker. “Pero el monto de impuestos anunciado por el gobierno interino es insólitamente bajo. Y si ese monto es en términos nominales, traído a valor presente es una cantidad irrisoria. La falta de transparencia con que se está manejando la política petrolera es muy alarmante…”, escribió en sus redes.Leonardo Vera, presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, matiza la interpretación general: “Trump pisa el acelerador y hace un anuncio donde distorsiona la comprensión de lo que se ha establecido para las partes. Termina haciendo entender que algunas reservas de crudo venezolano serán sumadas a las estadounidenses, y eso no es así. No es una transferencia de propiedad de los yacimientos”, explica. “Lo que está pasando es que el país le da un acceso prioritario a ciertas empresas para la explotación de unos 17 campos, que serán cedidos para ser explotados en ciertas condiciones. No descarto que en esa operación estén participando empresas mixtas ya instaladas en el país”.En el círculo de la opositora María Corina Machado, la decisión tampoco ha sentado bien, no tanto por el acuerdo en sí, sino por la forma y el espaldarazo que supone para Rodríguez. Juan Pablo Guanipa, aliado de Machado, ha sido uno de los pocos que ha intentado equilibrar la desazón con una visión más pragmática ante lo que se plantea como una lluvia de millones para los venezolanos: “Nuestro país no podrá recuperarse si dejamos nuestras enormes reservas en el subsuelo. Hay que explotarlas, agregarles valor y venderlas”.Secretary Marco Rubio: You have just lost any trust Venezuelans ever had on you, and it will come to haunt you. You opted to use US power, not to free Venezuelans, but to go to bed with our oppressors. You opted to push an asset grab, an unconstitutional deal with an illegitimate… https://t.co/FVhGFuwhIZ— Ricardo Hausmann (@ricardo_hausman) August 29, 2026