En la calle Panamá, en el centro de Guayaquil, Martín Albarenga hablaba sobre un libro como quien conversa sobre un episodio que conoce desde siempre. Frente a él tenía ejemplares usados y, entre ellos, una novela que conocía especialmente bien: Las cruces sobre el agua, de Joaquín Gallegos Lara.Albarenga explicaba con detalle el contexto de la obra y la matanza de los trabajadores ocurrida en Guayaquil en 1922. Lo hacía con la familiaridad de alguien que ha dedicado buena parte de su vida a leer sobre historia y literatura ecuatoriana, aunque nació a miles de kilómetros de esta ciudad.Martín tiene 45 años y nació en San Miguel, un distrito de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Su relación con los libros comenzó desde joven. Recordó que alrededor de los 15 años empezó a tomarse la lectura más en serio, aunque ya había tenido contacto con los libros antes.PublicidadUno de los ejemplares que marcó un punto de quiebre en su vida fue Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.“Siempre me acuerdo de Cien años de soledad, que lo leí a los 15 años y para mí eso fue un antes y un después. A partir de ahí es como que me apasionó mucho”, recordó.A los 17 años comenzó a recorrer librerías con mayor frecuencia. En San Miguel había pocos espacios dedicados a la venta de libros, por lo que sus recorridos se extendieron hacia otras zonas de Buenos Aires.PublicidadPublicidadMás adelante vivió en Palermo y frecuentó zonas como la avenida Corrientes y Plaza Italia, donde encontró una concentración de librerías que pasó a formar parte de su rutina.Los domingos eran para caminar. Podía pasar hasta seis horas recorriendo librerías, entrando en una y otra, buscando ejemplares que llamaran su atención. No lo hacía todavía como vendedor, sino como lector.Tampoco se define como coleccionista. Su biblioteca se fue formando de manera progresiva, a medida que adquiría conocimientos y descubría nuevas obras.Un libro lo llevaba a otro y así fue acumulando ejemplares. Los 700 libros que llegó a tener en su biblioteca personal fueron, en buena parte, el resultado de ese proceso.El amor lo trajo a EcuadorSu llegada a Ecuador tuvo otro origen. En Argentina conoció a su actual esposa, María Fernanda, una guayaquileña que había viajado a estudiar fotografía.Ambos coincidieron en un centro cultural y comenzaron una relación. Tiempo después, ella regresó a Guayaquil debido a que su abuela estaba enferma.PublicidadAlbarenga llegó aproximadamente un año después. No fue exactamente una decisión tomada porque alguien lo convenciera de viajar, sino una consecuencia de la relación que mantenían.Han pasado catorce años desde entonces. En Ecuador formó una familia y tuvo dos hijos. Pero los libros continuaron acompañándolo. Incluso parte de los ejemplares que había adquirido en Argentina se sumaron a los que encontró después en Ecuador.De lector a vendedor de libros usadosSu camino como vendedor comenzó aproximadamente un año después de llegar al país. Un amigo le comentó sobre la posibilidad de vender libros.Su primer espacio estuvo relacionado con una feria realizada cerca de La Casa del Árbol, en Urdesa. “Un amigo me comentó un poco sobre el tema y nos pusimos a vender juntos. Después yo seguí con esto hasta ahora”, contó.Desde entonces han transcurrido unos trece años. Su actividad lo ha llevado por distintos lugares de Guayaquil y también fuera de la ciudad en busca de ejemplares. Ha viajado a Quito para conseguir libros, mientras que otros han llegado desde Perú y Colombia.También ha establecido vínculos con personas que venden libros usados en Ecuador y, al comprar cantidades importantes, ha conseguido mejores precios.La mayoría de sus ejemplares son de segunda mano. Los precios que ofrece parten desde un dólar y uno de los libros nuevos que tiene actualmente puede alcanzar los 26 dólares. Su inventario, calcula, supera los 2.000 ejemplares.No todos están expuestos. Algunos permanecen guardados porque tienen menor demanda y salen con menos frecuencia, pero siguen siendo parte de ese universo de libros que ha construido durante más de una década.La herencia de la lectura en casaSu relación con la lectura también se refleja en los géneros que prefiere. Le interesan especialmente la historia y la filosofía, aunque también lee sobre esoterismo y otros temas. Por eso considera difícil escoger un solo libro favorito.Esa pasión llegó también a su familia. Felipe, su hijo mayor, tiene 11 años y ya avanzó hasta el sexto libro de Harry Potter. Su padre celebra que lea, aunque reconoce que en ocasiones la afición es tan intensa que llega a preocuparle.“Siempre les he dicho, por lo menos al más grande, que siempre lea, independientemente de lo que haga y de lo que le guste, porque eso siempre va a ser un plus. Así sea cocinero, futbolista, no sé lo que sea, pero que lea, que lea todo lo que pueda”, sostuvo.A veces, contó entre risas, busca a Felipe y lo encuentra encerrado en su habitación leyendo. “Deja de hacer otras cosas por leer”, dijo, aunque esa situación también revela que aquella pasión que comenzó en Argentina hace décadas encontró una nueva generación dentro de su propia casa.La evolución de la lectura en GuayaquilAlbarenga también tiene una percepción particular sobre Guayaquil y sus hábitos de lectura. Considera que la ciudad lee más que cuando llegó hace catorce años. Su explicación está relacionada, en parte, con el impacto que tuvieron obras como Harry Potter entre los jóvenes y con las sagas que aparecieron después.Para él, algunos lectores jóvenes que comenzaron con ese tipo de literatura continuaron posteriormente con otras obras. Las ferias de libros que reúnen a numerosas personas son, desde su perspectiva, una muestra de ese interés.Entre las obras ecuatorianas que ha leído está Las cruces sobre el agua. Su valoración sobre la novela de Gallegos Lara es contundente. Destaca su contenido histórico y social, pero también la construcción de los personajes y la descripción de los escenarios de la época.“Me parece una novela estupenda”, afirmó. Y añadió que, por su importancia para conocer la historia y la ciudad, “todo guayaquileño por lo menos debería leerla”.Este domingo 23 de agosto, mientras atendía a quienes se acercaban a revisar los ejemplares de su puesto en la calle Panamá, Albarenga continuaba haciendo algo que comenzó mucho antes de convertirse en vendedor: hablar de libros.Su historia comenzó en San Miguel, continuó por las librerías de Palermo y terminó encontrando un nuevo capítulo en Guayaquil. Llegó a Ecuador por amor, pero los libros nunca quedaron atrás. (I)
Martín Albarenga, el argentino que llegó a Guayaquil por amor y terminó construyendo una vida alrededor de los libros
Han pasado 14 años desde entonces. En Ecuador formó una familia y tuvo dos hijos. Pero los libros continuaron acompañándolo.










