Como muchas grandes historias americanas, el camino que ha llevado a las motos de Harley-Davidson hasta el paddock de MotoGP empieza en un garaje. “Estábamos en plena pandemia, con todo el mundo trabajando desde casa, así que empezamos a juntarnos en el garaje de mi casa con mi equipo para construir nuestra primera moto de carreras”, cuenta Jason Kehl, director técnico de la fábrica estadounidense. Eran apenas seis personas que destinaban parte de sus ratos libres, incluidos los fines de semana, a un proyecto sin un horizonte claro. “Todos teníamos otras responsabilidades, pero queríamos ir a las carreras, queríamos formar parte de esto, porque es nuestra pasión. Después de la primera competición, a la compañía le gustó tanto el resultado de nuestro trabajo que nos pidió otra moto adicional y establecimos el programa de carreras en un par de meses”, añade.Seis años después, las baggers de competición, unas máquinas monstruosas de 280 kilos que se acercan a los 300 km/h, sin renunciar a ese tamaño y personalidad única de las Harley que rugen por las carreteras de medio mundo haciendo travesías, han desembarcado en la élite del motociclismo de velocidad con una muy buena recepción por parte de público y pilotos. También organizativa. MotoGP lleva años buscando penetrar de una manera u otra en el complejo mercado mediático estadounidense. Y la apuesta parece sólida por mucho de que no haya números públicos todavía. Lo que está claro es que al otro lado del charco, el formato se ha convertido en uno de los momentos más esperados del fin de semana del MotoAmerica. El certamen estadounidense de referencia introdujo estos modelos en los circuitos en octubre de 2020, con un estreno espectacular en el inigualable trazado de Laguna Seca y su célebre sacacorchos.“En Estados Unidos, las baggers son una competición reconocida y popular, y en nuestro primer año viniendo a Europa hemos visto a mucha gente sorprendida para bien”, afirma Jeffrey Schulesser, director de carreras y marketing de la firma de Milwaukee, fundada en 1903. “Nuestra asociación con MotoGP es simbiótica, ya que ambos podemos ganar mucho trabajando juntos. No creo que haya mejor manera de adentrarse en el mercado estadounidense que trabajando con nosotros, que contamos con una comunidad apasionada a lo largo y ancho del país, por no decir en todo el mundo”, agrega el ejecutivo. En Alcañiz pueden verse en las gradas camisetas y gorras de Harley, y en los parkings adyacentes a Motorland brillan bajo el sol muchos modelos de la marca.Era un público que hasta hace nada estaba bastante alejado de este tipo de eventos. “Son una incorporación fantástica a nuestro fin de semana de carreras, y nos permite conectar con nuevas audiencias a través de una de las marcas con una cultura y estilo de vida más icónicas de América del Norte y todo el mundo”, celebra Carlos Ezpeleta, recién nombrado CEO adjunto del grupo MotoGP, desde el año pasado propiedad de la multinacional estadounidense Liberty Media tras tres décadas en manos españolas.La unidad de competición, basada en el modelo superventas ‘Road Glide’, vigente desde los años ochenta, ha logrado reducir unos 100 kilos de peso y alcanzar un par motor de 230 metros Newton, casi el doble que los prototipos de MotoGP. El resultado es una moto imponente en todos los sentidos, pero divertida como pocas según los pilotos que tienen el honor de estrenarla en Europa. “Al principio, cuando vi la moto, me preguntaba cómo demonios podría ir rápido encima de ella. Es muy alta, muy ancha, pero después de dar las primeras vueltas entendí que es como cualquier otra máquina de competición, ya que te permite ir al límite”, cuenta Eric Granado, piloto brasileño de 30 años con más de una década de experiencia en el paddock y líder en la temporada inaugural de la Baggers World Cup. “Lo mejor es que no influye la electrónica, y eso nos permite a todos los pilotos batirnos en igualdad de condiciones, desplegando todo nuestro talento y con gente de primer nivel en el campeonato como Andrea Iannone, todo un ganador en Superbike y MotoGP”, agrega el nativo de Sao Paulo.“Para mí, se podría comparar en el mundo del automovilismo con las carreras de camiones. La moto es gigaenorme, monstruosa. Yo mido 1,80, soy de los pilotos más altos, y hago pie apenas con la punta”, cuenta el español Jordi Torres, que ha pasado por todas las categorías mundialistas, incluida MotoGP. ‘Camiones’ que ruedan más rápido que las Moto3 en muchos circuitos, incide aquí Federico Tondelli, responsable de comunicación del proyecto. “Cuando la conduces es todavía más bestia. Tiene un par motor muy agresivo, es como un patadón en el culo. Ese empuje es constante hasta llegar al limitador de cada marcha, es una moto muy brusca, pero muy divertida, vamos todo el rato derrapando, a la deriva”, ilustra el piloto de Rubí, de 39 años.Para empezar, el calendario 2026 ha propuesto seis paradas y 12 carreras con 10 pilotos y cuatro equipos implicados, bajo igualdad de condiciones técnicas y con el fin de curso programado para el GP de Austria, el próximo 20 de septiembre. En Motorland, penúltima cita del calendario, hasta cuatro pilotos mantienen opciones de llevarse la corona inaugural de la disciplina. La intención de todas las partes es ampliar el proyecto a ocho citas y 16 pruebas, con más corredores y conjuntos, a partir del próximo año. Otra prioridad será mejorar aún más la experiencia para la afición, que aquí puede acceder al ‘paddock’ independiente, pegado a las gradas, sin restricción alguna y con permiso para alcahuetear, como dicen en estas tierras.