Después de más de 50 años sobre los escenarios y delante de las cámaras de cine y televisión, Lesley Manville (Brighton, 70 años) vive uno de los mejores momentos de una carrera en la que ha luchado cada papel y cada momento. Como cuando crio sola al hijo que tuvo con Gary Oldman, llevando al bebé de meses con ella a ensayos y rodajes; entonces no paró. Ahora tampoco la detienen la edad o la dictadura de la juventud. Gracias a El hilo invisible (2017), de Paul Thomas Anderson, por la que fue nominada al Oscar, en los últimos años ha sido una chamánica hechicera en Queer, de Luca Guadagnino; ha trabajado en The Crown, Citadel, Disclaimer… Y tiene pendiente la próxima película de Joel Coen, Jack of Spades junto a Josh O’Connor y Frances McDormand. Este encuentro tuvo lugar durante el festival de San Sebastián, poco antes de mudarse a Nueva York para estrenar en Broadway Oedipus, la obra de Robert Ick por la que ya había ganado el Laurence Olivier en el West End londinense. Ella cerraba la edición con La conspiración del cuervo, que se estrena el 4 de septiembre en España. Se trata de la adaptación de un breve relato de la Premio Nobel polaca Olga Tokarczuk, en la que la directora Kasia Adamik (hija de Agnieszka Holland), convierte a Manville en una catedrática de Psiquiatría que viaja a Varsovia en diciembre de 1981, un día antes de que el presidente Jaruzelski declare la ley marcial en el país. Un relato ficticio contextualizado en realidad histórica en el que la indiferencia del personaje de la actriz británica se va transformando en empatía y humanidad. Pregunta. En las críticas la comparan con Jason Bourne. Respuesta. [risas] Lo he leído. Es verdad que hay mucha acción, muchas carreras y muchos misterios que resolver. Incluso alguna pelea. Para mí es un thriller político con emoción. Yo recuerdo aquel momento histórico, obviamente, pero mi personaje es ficticio. Es una mujer muy digna que cree que va a dar una conferencia y marcharse, por eso ni siquiera lleva un abrigo. Rodamos en pleno invierno y, como ella, pasé mucho frío [se ríe]. P. ¿Encuentra paralelismos entre esta historia y el momento actual? R. Cuando la rodamos, esta violencia política que nos rodea no era tan obvia, pero creo que lo que la película resalta es eso: uno puede sentir cierta distancia de todo lo que ocurre porque no está involucrado, no eres de esa nacionalidad… Si no te pasa directamente, no te afecta. Pero, como a mi personaje, cuando de repente estás ahí en medio cuestionas tu propia moral. P. Como artista, ¿le gusta involucrarse en los acontecimientos del mundo? R. Es algo muy personal, pero nadie puede ignorar lo que sucede en el mundo que nos rodea. De todos modos la filantropía en la que participo sí que es algo privado. P. Su madre era bailarina de ballet y usted empezó cantando y haciendo musicales, ¿cuándo nació su amor por la interpretación? R. Bueno, fui a una escuela de artes escénicas donde se cantaba, se bailaba y se actuaba. Mi primer trabajo, cuando tenía 16 años, fue un musical y luego simplemente hacía todo lo que me llegaba y me encanta bailar, pero si lo haces como profesional, tu carrera se acaba a los 25. A los 22 conocí a Mike Leigh y fue una revelación, porque me hizo ver que podía interpretar personajes que no se parecían a mí. P. Es obvio que desde El hilo invisible le han llegado muchos protagonistas... R. Estoy más ocupada que nunca. Siempre he trabajado, pero sin duda El hilo invisible me llevó a otro nivel. Ahora tengo mucha más libertad para trabajar en Estados Unidos si quiero. Pero mis criterios siguen siendo los mismos. No voy a aceptar un trabajo solo porque sea Hollywood. P. ¿No pensaba seguir a este nivel a estas alturas? R. Creo que está mejorando porque hay un mercado enorme de mujeres de 40, 50, 60 años que quieren ir a ver películas donde se sientan representadas. El cambio empezó a producirse con películas como Mamma Mia. Y muchas mujeres fueron al cine a ver El exótico Hotel Marigold. Yo misma hice El viaje a París de la Señora Harris, con una mujer que al jubilarse cumple su sueño de ir a París y comprarse un Dior. P. Ahora que menciona Dior, usted acaba de protagonizar hace poco su primera campaña de moda, con Loewe. R. Fue por Queer, Jonathan Anderson diseñó el vestuario y fue quien me lo ofreció. Cuando me lo contó mi agente me dijo que nunca me había visto tan emocionada. Pero es que me siempre me ha encantado la ropa. No sé por qué, con todo lo que he logrado como actriz, por alguna razón eso me dio un placer enorme. P. Es importante que haya dado visibilidad a mujeres de otras edades. R. Es una estrategia de marketing muy inteligente, somos las que tenemos dinero para pagar esa ropa tan cara; además de reconocer que no somos invisibles una vez que pasamos los 40. Pero la industria de la moda siempre va a girar principalmente en torno a chicas de 20 o 30 años. Y esa es otra razón por la que me gusta hacerlo. Simplemente quiero decir: “Aquí estoy. No tengo bótox. Ni rellenos. Ni cirugías estéticas. Esta es la cara que tengo a mi edad. Y soy modelo de Loewe”.