Mercedes Sampietro (Barcelona, 79 años) comienza la conversación con una advertencia. “Soy muy mala entrevistada: no tengo memoria y no me gusta hablar. Pobrecito, que no te pase nada…”, se ríe la actriz, una de las grandes del cine español. No tarda en salir de esa reserva cuando empieza a recordar su carrera, desde que Pilar Miró la eligió para interpretar a su alter ego en Gary Cooper, que estás en los cielos hasta su último papel en la serie Oasis en Netflix, cruce entre Élite y The White Lotus que se estrenó el viernes. Sampietro reivindica la alegría que le procura seguir trabajando, aunque dice que el cine se ha olvidado con demasiada facilidad de las intérpretes de su generación. Aun así, este año tiene pendientes de estreno tres películas y otra serie de la misma plataforma, Grande de España.Pregunta. Da la sensación de que no para. ¿Vive su segunda o tercera juventud?Respuesta. No te creas. Han sido cosas pequeñas y rodadas en poco tiempo. Ha habido unos años de parón. Ese parón lógico que nos llega a todas...P. Pero usted nunca ha parado del todo.R. Del todo, no, pero ya no trabajo con la misma frecuencia de antes. Y, sobre todo, no es fácil tener papeles con cara y ojos. No importa que un papel sea pequeño si tiene entidad, si está bien escrito y te permite hacer algo con él. Pero eso no siempre sucede...P. ¿Cómo ha vivido esta transición?R. Bastante bien, porque sabía que me iba a pasar. Una no es tonta del todo. Hay menos roles para las mujeres mayores. Y también cuenta cómo te has comportado dentro de la profesión…P. ¿Es decir?R. Yo siempre he hecho lo que me ha dado la gana, y eso se paga. Hay un peaje. A mí no me gustan las entrevistas, ni los saraos, ni la exposición pública. Yo siempre he dicho que no a eso. No me apetece, no va conmigo y no lo paso bien. Además, el cine español ha dado un vuelco generacional. Y yo no conozco a nadie de esa nueva generación, así que no me llueven las ofertas.P. Hay directoras, como Carla Simón o Alauda Ruiz de Azúa, con las que es fácil imaginarla trabajando.R. Me encantan, las considero mis hijas. Pero tal vez no me conozcan, porque no es que haya estado muy visible. Aun así, no desespero. Siempre pienso: ahora que el cine español está tan bien, a ver qué pasa…P. También la llaman las plataformas. Algo deben ver en usted.R. Menos mal que tenemos las plataformas: nos llaman a todos los veteranos. En Oasis lo pasé fantásticamente con los jóvenes. Es una producción cuidada y divertida. Nos trataron bien.P. ¿Por qué no ha hecho más comedia?R. Me habría encantado. Lo he pedido toda la vida a los directores con los que trabajaba. En mi época tal vez nos encasillaban más. Yo me especialicé en una mujer independiente, autosuficiente y un poco arrogante. Y luego solo me proponían variaciones sobre ese personaje…P. ¿Se parecía usted a esa mujer?R. En algunas cosas, supongo. Pero no al cien por cien.P. ¿Qué vio en usted Pilar Miró, siendo una treintañera sin experiencia en el cine, para darle su primer protagonista?R. En el cine, lo que una aparenta es lo más importante; diría que un 80%. Vio algo en mí que le gustó o interesó, no lo sé. A Pilar y a mí siempre nos preguntaban si habíamos sido grandes amigas. Y no es verdad que lo fuéramos tanto. Lo que pasa es que nos entendíamos muy bien trabajando. Lo que yo hacía le parecía perfecto, así que ni siquiera necesitábamos hablar. Me especialicé en mujeres independientes y un poco arrogantes, pero no soy tan borde como mis personajes”P. Sin conocerla, sus personajes parecen más fríos que usted.R. Yo también lo creo. A mí me gusta mucho reírme, y esas chicas se ríen poco. No me considero tan borde como mis personajes.P. Pilar Miró tenía una mala leche maravillosa. En El pájaro de la felicidad, estrenada en plena crisis del cine español por la hegemonía hollywoodiense, el agresor que viola a su personaje lleva una gorra de Universal Studios.R. ¡No me acordaba de eso! Qué tía, la Pilar... Era muy especial. Siempre encontraba una forma de decir algo más. ¿Tú la llegaste a conocer?P. No, por desgracia.R. Tenía un carácter difícil, pero también una gran magia. Era una persona con un gran talento para encandilar. Y era curioso, porque no era una mujer especialmente guapa, pero la gente caía rendida a sus pies. Era muy inteligente y, como las mujeres de sus películas, un poco adusta.P. Tuvo que luchar para que le dieran el protagonista de Gary Cooper, que estás en los cielos.R. Todo el mundo se opuso, lógicamente y con buen criterio. ¿Cómo te vas a arriesgar con una chica que no ha hecho cine a darle el protagonismo absoluto de una película?P. Desde entonces ocupó un espacio muy particular en el cine español. ¿Hoy ve a actrices que se le parezcan?R. Qué preguntas más difíciles me haces…P. Se lo digo porque no veo a muchas iguales. Hay actrices que parecen intercambiables. Usted no tiene muchos recambios.R. Nunca me lo habían dicho. Si es un piropo, gracias.P. ¿Qué recuerda de su etapa como presidenta de la Academia? Fue una etapa complicada: la guerra de Irak, el PP en el poder, una gran crispación política...R. El momento más duro fue el de la censura. A Marisa Paredes, que era la presidenta anterior, le tocó el “No a la guerra”. A mí me tocó al año siguiente la polémica por La pelota vasca, de Julio Medem, cuando se intentó impedir que se exhibiera.P. Usted salió en defensa de la película.R. Fueron momentos complicados. La noche de los Goya se organizó una manifestación a la entrada. Vinieron autocares del País Vasco, con Fernando Savater al frente, y nos acusaban de proetarras. A mí aquello me parecía absolutamente injusto. En ningún caso podía aceptarse la censura. Ese fue el momento más crítico. Luego el ABC publicó un editorial muy duro, me puso de chupa de dómine. Y de una manera que me implicaba casi con ETA. Mi marido [el arquitecto y cineasta Juan Millares] estaba preocupadísimo, tal vez porque era más consciente que yo de lo que podía significar. Tuve un punto de inconsciencia.P. En 2004 dijo una frase que ha envejecido de una manera bastante tremenda: “Estoy en contra de la militarización del pensamiento”. R. No me acordaba de eso. Odio el pensamiento único.P. ¿De dónde viene su conciencia política?R. De vivir, absorber, aprender y reflexionar sobre lo que ves. No tuve una juventud activista ni militante. Tampoco viene de mi familia, que bastante tenía con trabajar y salir adelante. Soy una auténtica autodidacta en todos los sentidos. P. ¿También como actriz?R. Fui un año al Institut del Teatre cuando estaba en la calle Elisabets [de Barcelona], que tú no habías nacido todavía. Luego entré en el grupo Cátaro, compañía de teatro muy reivindicativa, parecida a Los Goliardos en Madrid.P. ¿Qué pasó cuando se disolvió?R. Cuando Adolfo Marsillach montó su mítico Marat-Sade en el Poliorama, vio al grupo y nos propuso que hiciéramos de locos en el montaje. Se fueron de gira todos menos yo, porque estaba trabajando y tenía que ayudar en casa. No podía permitirme irme a la aventura. Lloré como una descosida. Pero bueno, les prohibieron la función dos días después del estreno.P. Venía de una familia humilde. Sorprende, porque su físico indica otra cosa.R. Sí, toda la vida me han dicho que parezco de clase alta o que tengo una presencia aristocrática. Yo me parto de risa. Soy del barrio barcelonés del Clot, de clase trabajadora. Eso imprime carácter.P. ¿Cómo recuerda su infancia y su juventud en aquella Barcelona?R. Triste, muy triste. Era una niña muy tímida, y sigo siéndolo. Solitaria. Nunca fui de tener amigos, pandillas ni nada. Lo recuerdo todo oscuro. Me acuerdo mucho de la radio, de lo triste que era aquella radio, que era lo único que teníamos. Me salvó el teatro. Empecé por pura casualidad, en un centro de barrio haciendo teatro de aficionados. Fue mi madre quien me empujó. Yo era incapaz de abrir la boca y decir dos palabras seguidas.P. ¿Por qué cree que lo hizo?R. Mi madre siempre iba a mi favor. De pequeña, yo me decía: “Ella es la única que me entiende”. Intuía que una niña tan tímida podía beneficiarse del teatro. Insistió mucho y, gracias a eso, empecé. Desde entonces, desaparecieron cualquier otra emoción o interés propios de la gente de mi edad. No me interesaba ir a bailar ni a las boîtes. El teatro lo suplía todo. La emoción y la adrenalina de aquello no se podían igualar. Hoy sigo siendo muy feliz cuando trabajo.P. Dice que Clint Eastwood ha sido su gran amor platónico.R. Sí, es mi novio. Me parece un grandísimo director y un hombre muy atractivo.P. ¿Por su virilidad un poco chapada a la antigua?R. No te creas: también me encantaba Montgomery Clift.P. Eastwood se acaba de jubilar.R. A los 96 años dice que se retira del cine. Qué cachondo es mi Clint…P. ¿Usted se plantea la jubilación?R. No. Jubilación, en el sentido de no volver a hacer nada, no. Si un día no puedo físicamente, pues lo aceptaré. Pero depende más de que te llamen y te ofrezcan trabajos que de que yo quiera jubilarme. Insisto: es algo que me hace feliz.P. Sorprende que nunca la llamara Pedro Almodóvar. R. Pocos lo saben, pero yo trabajé con un joven Almodóvar en el teatro, en un montaje muy vanguardista de La casa de Bernarda Alba. El escenario estaba cubierto de gomaespuma, atravesado por cuerdas y sogas muy gruesas. Era una idea relacionada con el útero materno, o algo así. Las vecinas aparecían desde arriba y decían el texto. Almodóvar era una de esas vecinas. Pilar Miró me llamó porque le gustó lo que hacía. A Almodóvar, supongo que no. No le veo otra explicación. Y no pasa absolutamente nada.P. ¿Ha sufrido el machismo en el cine? R. Había muchos más hombres y apenas mujeres en el tipo de cine que yo hacía. Eso lo impregnaba todo de un carácter determinado. La producción era más a la antigua, más tiránica. Pero yo nunca he vivido una agresión directa. Es evidente que existen, pero yo no las he sufrido. No sé, dicen que inspiro un poco de respeto. No doy miedo, pero sí respeto. Y yo pienso: “Jolín, con lo maja que soy…”.P. ¿Cuándo se ha sentido más a gusto en cine, teatro o televisión? ¿Ha habido algún momento de plenitud?R. En Lugares comunes. Fui muy feliz en aquel rodaje. Me entusiasmaba Adolfo Aristarain, que se murió hace poco. Estaba con Federico Luppi, a quien quería mucho, y con actores argentinos a los que siempre he admirado. Todo estaba de acuerdo conmigo, incluido el humanismo de la película. Fue muy pleno. Hace poco la volví a ver.P. ¿Y un mal recuerdo?R. Con Pilar Miró lo pasamos fatal haciendo una obra de teatro, Las amistades peligrosas, en Barcelona. Nos enfadamos y todo. No salió bien y no estuvimos a gusto. Hablo en plural porque a Juanjo Puigcorbé, el protagonista masculino, le pasaba lo mismo. Fue un trabajo correoso…No me importa interpretar a abuelas, al revés. El problema es cuando la abuela está ahí solo para decir: ‘Abrígate, no cojas frío, ¡adiós!”P. ¿Cómo vive hoy el paso de ser protagonista a hacer secundarios, con una función distinta dentro del relato?R. Depende de cómo sea el papel y de cómo se cuente. Si tienes algo que hacer, interpretar la vida de una mosca puede ser fascinante. No me importa interpretar a abuelas, al revés. La cosa es que, a veces, la abuela la interpreta una actriz de sesenta años...P. A usted se las ofrecían ya a los cincuenta.R. El problema es cuando la abuela de la película está ahí solo para decir: “Abrígate, no cojas frío, ¡adiós!”. Pero no pasa nada: eso es para lo que estamos las actrices viejas.P. Se define como una mujer de izquierdas. ¿Cómo ve el panorama actual?R. Muy feo, antipático, peligroso. Muy maleducado. La política me da miedo: el nivel intelectual de quienes la componen, su incapacidad para analizar las cosas, su escasa inteligencia, su falta de formación...P. ¿Habla de algún partido en concreto?R. Hablo en general. La izquierda se salva en muchos aspectos, pero no siempre da la talla. Antes había personalidades con más cultura y más nivel. Ahora prima el insulto. Y lo que veo en los lugares donde gobierna la derecha es directamente penoso. Y luego veo la visita del Papa y alucino...P. ¿En qué sentido?R. Me parece fascinante: un millón doscientas mil personas en la calle. ¿Te imaginas que se pudiera reunir así a la gente para defender la educación, la sanidad o para protestar contra una guerra? Esa capacidad de movilizarse aún existe, aunque por lo visto no para según qué causas.
Mercedes Sampietro: “Siempre he hecho lo que me ha dado la gana. Y eso, como actriz, se paga”
La intérprete de 79 años, una de las grandes del cine español, vive una segunda juventud: estrena la serie ‘Oasis’ en Netflix y tiene tres películas pendientes para el resto del año








