Durante meses, jóvenes de distintos colegios de Guayaquil se sentaron a hablar de lo que ocurría en sus vidas. Había inseguridad en las calles, problemas económicos, situaciones de maltrato y otras dificultades que podían aparecer cuando se les preguntaba qué les preocupaba. Sin embargo, una respuesta comenzó a repetirse y llevó la conversación hasta sus propias casas. Extrañaban a sus padres.Esa falta de acompañamiento en su vida cotidiana, escolar y emocional fue el principal problema identificado por los jóvenes que participaron durante el primer año de Scholas Ciudadanía, un programa que reunió a 2.760 chicos de más de 92 instituciones educativas en Ecuador.PublicidadParte de lo que sentían quedó dibujado en un mural. Allí aparecieron jóvenes encerrados, familias y expresiones que intentaban contar aquello que a varios les resultaba difícil explicar directamente. José María del Corral, presidente y cofundador de Scholas Occurrentes, volvió a Guayaquil el jueves 27 de agosto para cerrar ese primer año y comenzar una segunda etapa.“Los chicos de todos los colegios que se reunieron de Guayaquil este año pudieron expresar que se sienten huérfanos de padres vivos, que se sienten solos”, relató Del Corral.PublicidadPublicidadEl resultado llamó la atención incluso de quienes participaron en la ejecución del programa. “Pensábamos que los problemas que más los complicaban eran la inseguridad nacional, los problemas económicos, el maltrato o tal vez el racismo, pero el problema que ellos identifican como principal es la falta de los padres y del hogar”, señaló Juan Xavier Cordovez, director de la Junta de Beneficencia de Guayaquil.Cuenta Del Corral que jóvenes permanecían encerrados en sus propios espacios, tenían dificultades para relacionarse o encontraban pocas oportunidades para contar lo que les estaba ocurriendo. Durante las actividades escuchó expresiones relacionadas con miedo, ansiedad, desánimo y soledad. Uno de los participantes, contó, llegó a revelar que había tenido pensamientos suicidas. Tiempo después, durante el proceso, manifestó que había recuperado las ganas de hacer cosas y comenzó a participar junto con sus compañeros en la creación de contenidos para comunicar a los adultos cómo se sentían.“Ellos no saben decirle a veces a la familia ‘me siento mal, me siento solo’”, explicó Del Corral. Una de las alternativas fue producir un corto dirigido a los padres, elaborado por los propios participantes.La experiencia forma parte de la alianza que Scholas mantiene con la Junta de Beneficencia. Los 2.760 jóvenes alcanzados durante el primer año pertenecen a una población mayor vinculada con el proyecto deportivo de la Junta, que reúne actualmente a más de 15.000 niños y adolescentes en 25 cantones de ocho provincias.PublicidadEl deporte ha servido para acercarse a ellos. Cordovez explicó que el fútbol funciona como una puerta de entrada para reunir a los chicos y posteriormente incorporar espacios donde puedan conversar sobre aquello que viven fuera de las canchas.La institución tenía inicialmente una meta de 8.000 participantes en cinco años para su proyecto deportivo. Cordovez indicó que en aproximadamente tres años ya superaron los 15.000.Lo que ocurrió después de escucharlosEl primer año dejó actividades que surgieron de las preocupaciones planteadas por los participantes. Una de ellas buscó acercar generaciones y reunió a 71 jóvenes con 100 adultos mayores del Hogar Corazón de Jesús. Más de 50 entrenadores recibieron formación para aplicar la metodología en espacios deportivos y 246 estudiantes recibieron materiales educativos.Del Corral aseguró que los resultados recogidos posteriormente mostraron que el 100 % de los participantes consultados manifestó haber experimentado un cambio positivo y que el 94 % quería repetir la experiencia. Varios pidieron continuar vinculados como colaboradores o voluntarios. Las cifras corresponden a una medición citada por el representante de Scholas.Para Del Corral, el desafío pendiente está ahora en ampliar el alcance. Esa ampliación ocurre en un país donde la violencia forma parte de las preocupaciones alrededor de niños y adolescentes. Sostiene que la educación puede intervenir antes de que esos jóvenes encuentren respuestas en espacios que los expongan a mayores riesgos.Su lectura sobre Ecuador ha cambiado desde su primera visita. En 2022, cuando Scholas todavía evaluaba desarrollar programas en el país, un ejercicio previo con adolescentes había ubicado a la inseguridad y las adicciones entre sus principales preocupaciones. Cuatro años después, el trabajo presencial puso sobre la mesa lo que ocurría dentro de sus hogares.La segunda etapa llegará hasta los padresPadres, madres y cuidadores serán incorporados a espacios formativos dirigidos a mejorar el acompañamiento de los adolescentes.Del Corral explicó que habrá tres líneas de trabajo. Continuarán los encuentros de jóvenes con adultos mayores; se ampliarán las actividades dentro de las escuelas deportivas para hablar de situaciones personales junto con la formación física; y se incorporará tecnología para que los participantes produzcan contenidos relacionados con sus intereses.Entre las actividades previstas mencionó proyectos vinculados con periodismo de fútbol, producción de contenidos y espacios donde los adolescentes puedan hablar de aquello que enfrentan en casa o en su comunidad. (I)