La imagen de lo que está pasando en el Tolima es aterradora. Un sobrevuelo de la FAC que acompañó SEMANA dejó al descubierto la magnitud de los incendios que durante 28 días han arrasado con cerca del 25 por ciento de los terrenos de todo el departamento. La peor tragedia ambiental que esa zona del país ha vivido en su historia reciente. Las carreteras hoy todavía están llenas de humo y el cielo, aunque de noche se ve anaranjado por el reflejo de las llamaradas que se extienden por el filo de las montañas de los 11 municipios que aún arden. Incendios en el departamento del Tolima Foto: ALEJANDRO ACOSTA-SEMANAAunque ya no son 31 incendios activos, sino una decena, Coyaima, Venadillo, Coello, El Guamo, Carmen de Apicalá, Suárez, Lérida, Armero Guayabal y Melgar son algunos de los municipios que aún no han podido salir del todo de la tragedia y de los que todavía no hay un balance final de la magnitud de las pérdidas. Así las cosas, el Tolima lleva casi un mes intentando apagar, probablemente, las conflagraciones más fuertes de su historia. Algo que “nunca en la vida se había visto”, como lo dice el mismo capitán Carlos Yepes, delegado departamental del Cuerpo de Bomberos del Tolima. Desde el primero de agosto, las llamas se extendieron por distintos municipios, obligaron a movilizar a más de 600 bomberos y aeronaves y, en el peor momento de la emergencia, llegaron a registrarse 31 incendios al mismo tiempo en diferentes puntos del departamento. Incendio en el cerro de las Tres Cruces, en el occidente de Medellín, entre las emergencias atendidas por los bomberos este viernesCuando el humo empezó a levantarse en algunos sectores, quedó a la vista una segunda parte de la tragedia: miles de hectáreas de tierra afectadas, cultivos perdidos, potreros convertidos en ceniza y animales que se quedaron sin alimento; otros, incluso muertos. La gobernadora Adriana Matiz lo dijo durante una entrevista con SEMANA: el departamento enfrenta una “emergencia económica, una emergencia ambiental y una emergencia social”. Esa declaración ayuda a entender por qué esta no es una historia que termina cuando se apaga el último foco de incendio, sino que probablemente definirá el rumbo del Tolima en los próximos años. En el Tolima se quemaron tierras de cultivo, pastos y zonas de bosque, pero también una parte de la economía cotidiana de las familias que viven de esas tierras. En un departamento donde el sector agropecuario representa el 22,4 por ciento del PIB, la pérdida de una cosecha o de un potrero tiene consecuencias mucho más largas que el incendio que la provocó.Habitantes de las zonas afectadas por los incendios luchan para controlar la emergencia. Foto: ALEJANDRO ACOSTA-SEMANALa primera cuenta fue la de los terrenos. La Gobernación reportó más de 30.000 hectáreas afectadas. El balance presentado posteriormente por el Gobierno nacional, durante el Puesto de Mando Unificado realizado en Ibagué, llevó el cálculo a más de 50.000, de las cuales cerca de 28.000 correspondían a áreas agropecuarias. Los cálculos de la Gobernación del Tolima hablan de 2.660 productores afectados y de pérdidas económicas estimadas en 134.000 millones de pesos. Las cifras están en constante actualización a medida que los municipios van saliendo de los incendios que todavía no se apagan del todo. Sin embargo, ninguno de estos datos necesita demasiada explicación para entender lo que una conflagración de estas magnitudes significa en el campo del departamento.La ‘casita’Jesús Guzmán lo explicó sin hablar de hectáreas ni de millones de pesos. Desde su finca veía las llamas avanzar por la cordillera y temía perder su vivienda, sus animales y la poca agua que tenía disponible. “Estoy perdido con la candela”, dijo en un llamado de auxilio que se viralizó en las redes sociales. Después agregó: “No tenemos comida para el ganado y estamos huyendo”. Lo que pedía era un helicóptero. Sabía que, si el fuego llegaba a la finca, no tendría muchas opciones para salvar lo que quedaba.La angustia de su llamado permite traducir las cifras de la terrible emergencia que vive el departamento. Una hectárea no es solamente una medida. Puede ser el lugar donde una familia cultiva los alimentos con los que trabaja, el potrero donde alimentan sus animales o la tierra en la que espera recoger una cosecha que pagará sus deudas. Coello, Suárez y San Luis han sido los municipios más afectados por las llamas. Los incendios se han reactivado varias veces. Foto: AFP“Me está llegando la candela a la finquita, tengo 25 reses, mi casita y en la realidad estamos subiendo sin agua y el único manantial de agua que tenemos es poquitico; donde nos coja la candela, nos quedamos sin nada”, dijo Jesús en su primer pedido de auxilio al alcalde del municipio de San Luis. Cuando los terrenos se queman, como está pasando en el Tolima, también se pierde el tiempo invertido en sembrar y cosechar. La tierra permanece, pero durante un periodo deja de cumplir la función que sostenía a la familia. Ese es justamente el desafío que hoy enfrentan las autoridades departamentales y nacionales, pues se estima que la recuperación de los terrenos afectados podría tardar entre 8 y 9 meses antes de que puedan volver a producir algo. “La finca es lo único que yo tengo. Y no es mía, es de mi papá (...) Allá no tenemos luz ni agua; nos toca subir con ‘timbos’. Es humilde, pero es lo que tenemos. Por eso, le pido ayuda al Gobierno para que nos den un lugar para vivir dignamente y comida para los animales también”, señaló Jesús en entrevista con SEMANA.¿Qué está pasando con los incendios en Tolima? Reportan 13 emergencias y crean grupo élite para investigar12 veces el Tolima En San Luis, el alcalde Ricardo Acosta fue uno de los primeros mandatarios en advertir que las mediciones oficiales podrían quedarse cortas. En los primeros días habló de más de 600 hectáreas consumidas en 48 horas. Luego, con mediciones realizadas con apoyo de cuerpos de bomberos de distintas regiones, señaló que el área afectada en su municipio superaba las 7.500 hectáreas. “No podemos minimizar esta situación”, advirtió al pedir que se completaran los datos para que la ayuda nacional correspondiera con la dimensión real de la tragedia.En ese municipio, el fuego llegó a acercarse a zonas habitadas y al cementerio del corregimiento de Payandé. El municipio de San Luis suspendió incluso sus tradicionales fiestas, mientras los equipos de emergencia seguían concentrados en las zonas afectadas.Un sobrevuelo de la FAC permitió conocer la magnitud real de los terrenos consumidos. Son cerca de 50.000 hectáreas. Foto: ALEJANDRO ACOSTA-SEMANAPero los datos no son menores; el alcalde de San Luis hizo un ejercicio para tratar de entender la dimensión de lo que está pasando en el Tolima y, más específicamente, en el territorio que él lidera. “Si a Colombia (toda) le estuviera pasando lo que hoy está pasando en el Tolima, que se ha quemado el 25 por ciento del territorio en total, entonces equivaldría a que a Colombia, en proporción, se le hubiera quemado el Amazonas, el Meta y Antioquia completamente. O mejor, es como si se hubiera quemado 12 veces todo el departamento del Tolima”, explicó el alcalde de San Luis. En otros puntos, el panorama era similar. El municipio de Ortega también apareció entre los municipios más golpeados. Su alcalde reportó una afectación que superaría las 9.500 hectáreas y advirtió sobre la situación de 35.000 cabezas de ganado. ¿Hay humo de incendios en su zona? Minsalud explica qué hacer para proteger sus pulmonesLa Gobernación habló inicialmente de más de 22.000 cabezas de ganado sin alimento. Sin embargo, en el balance nacional presentado el 27 de agosto, el Gobierno nacional elevó la preocupación a 163.000 animales en riesgo, lo que apunta a que el daño más inmediato sobre el campo no es solo el de la vegetación quemada, sino el sostenimiento futuro del ganado y de la cadena de producción del departamento. La ayuda necesariaLa propia gobernadora Adriana Matiz reconoció que ni el Tolima, ni ningún departamento del país, estaba preparado para enfrentar simultáneamente una emergencia de esta magnitud y, al mismo tiempo, el terremoto que golpeó al occidente del país. El departamento tuvo que atender viviendas e infraestructura afectadas por el sismo, mientras desplegaba capacidades para controlar incendios en decenas de puntos. La ayuda de los departamentos vecinos y del Gobierno nacional fue, según la gobernadora, determinante para poder sostener la operación.Autoridades trabajan sin descanso por apagar las llamas. Foto: ALEJANDRO ACOSTA-SEMANAEl primer auxilio fue para los animales. El presidente Abelardo De La Espriella anunció 5.000 toneladas de heno y otras 5.000 toneladas de tamo de arroz para atender a 163.000 animales en riesgo. También dispuso 2.000 millones de pesos para adquirir 80.000 pacas de pasto mombaza y angleton. El segundo frente fue la vivienda. El Gobierno anunció 343 subsidios de vivienda rural, de 65 millones de pesos cada uno, destinados a familias afectadas. La vivienda no fue la principal pérdida de la emergencia, pero allí donde una familia perdió o resultó afectada su casa, la reconstrucción se convirtió en una necesidad inmediata.De igual manera, se destinarán cerca de 7.000 millones de pesos para proyectos productivos y medidas de alivio financiero, con un congelamiento de la cartera en Finagro y mecanismos de recuperación para productores golpeados. IUCN Colombia lanza alerta ambiental por sequía y riesgo de incendios forestales; llama a fortalecer la prevenciónLa idea es que quien perdió una cosecha no tenga que asumir sus obligaciones como si la producción hubiera salido normalmente. La gobernadora ya había planteado la necesidad de financiar o refinanciar las deudas para que los campesinos pudieran atravesar la emergencia sin que los intereses y el capital se convirtieran en una segunda calamidad.El Ministerio de Agricultura también puso sus capacidades sobre la mesa. El ministro Indalecio Dangond visitó el departamento y sostuvo una reunión de más de ocho horas con agricultores y ganaderos para conocer las afectaciones y definir acciones. Pidió a los gremios ganaderos y frutícolas que apoyaran en territorio con abonos, pacas de heno y asistencia técnica. Además, anunció la coordinación de un PMU desde el ministerio para acompañar la recuperación productiva y medidas de crédito y reestructuración de cartera para los productores afectados.Riego sobre una montaña para controlar los incendios en las zonas afectadas Foto: ALEJANDRO ACOSTA-SEMANALa gobernadora había anticipado parte de esa ruta. Además de los alivios financieros, habló de pozos profundos con paneles solares, mangueras para llevar agua hasta las áreas productivas y kits para enfrentar las dificultades que puedan venir con el fenómeno de El Niño. El objetivo es doble: recuperar lo que se perdió y disminuir la vulnerabilidad del campo frente a la próxima temporada de sequía que se podría extender hasta febrero de 2027. A la respuesta productiva se sumó una apuesta más amplia. La gobernadora le solicitó al presidente De La Espriella la creación de una Zona Económica y Social Especial para el Tolima, con el propósito de atraer inversión y generar empleo en un departamento golpeado por la emergencia. La medida apunta a que la recuperación no se limite a reparar lo que se quemó, sino a crear condiciones para que el territorio pueda crecer después de la crisis.La ayuda humanitaria también llegó. El Gobierno anunció más de 80 toneladas adicionales de alimentos, agua, elementos de primera necesidad e insumos para las comunidades afectadas, además de la creación de un fondo mixto de reconstrucción. Son recursos pensados para atender el presente, mientras las medidas de crédito y producción buscan resolver el futuro inmediato.Incendios forestales dejan cerca de 1.380 hectáreas afectadas en Cundinamarca durante agostoLa cooperación internacional entró en la ecuación. De La Espriella informó de gestiones con Estados Unidos, Chile y España para sumar apoyo y experiencia a la respuesta ante los incendios y la recuperación. Para el Tolima, esa cooperación puede significar capacidades que el departamento no tenía disponibles por sí solo en medio de una emergencia que obligó a pedir ayuda a otras regiones de Colombia.Matiz también había planteado al presidente una necesidad concreta: que el Tolima pudiera acceder a recursos de los fondos diseñados para responder a la emergencia nacional. En particular, pidió que se tuviera en cuenta al departamento en la reactivación agropecuaria. La Gobernación y el Ministerio de Agricultura empezaron a trabajar, además, en una ruta de corto, mediano y largo plazo para los productores.Lo que se vieneEl reto no es menor para un departamento que, como explicó Matiz, depende del campo. Hoy la recuperación tendrá que ocurrir en varias capas: salvar animales, recuperar cultivos, garantizar agua, aliviar deudas y devolver capacidad productiva a familias que no pueden esperar a que la naturaleza haga su trabajo.En la finca de Jesús Guzmán, la urgencia era el fuego que se acercaba. En San Luis, el alcalde estaba preocupado porque las mediciones no alcanzaban a contar todo el daño. En los municipios ganaderos, la pregunta era dónde conseguir alimento. En la Gobernación, mientras tanto, había que calcular cuántas hectáreas se perdieron, cuántos productores resultaron afectados y cuánto dinero haría falta para que la economía rural no se detuviera.Bomberos realizan trabajos en busca de apagar las llamas en el Tolima Foto: ALEJANDRO ACOSTA-SEMANAEl Tolima tendrá que hacer esas cuentas durante mucho tiempo. Y probablemente las cifras seguirán cambiando mientras se termine de levantar el inventario de pérdidas. La diferencia entre algunas de las mediciones departamentales y nacionales muestra que todavía hay terreno por recorrer antes de cerrar un balance definitivo. Pero hay algo que ya no necesita cálculo. Como lo dijo el presidente: “La emergencia no termina cuando se apaga el fuego”.Recolección de agua para atender las zonas afectadas por los incendios. Foto: ALEJANDRO ACOSTA-SEMANAEmpieza otra etapa, más silenciosa. La de volver a sembrar, recuperar los potreros, conseguir agua, reconstruir las casas afectadas, alimentar el ganado y volver a pagar las cuentas. En el Tolima ahora hay que esperar una nueva cosecha. Cuando el humo se termine de ir, quedará una pregunta menos visible que la de cuántas hectáreas ardieron: ¿cuánto tardará el Tolima en volver a producir sobre ellas? Esa será la medida real de la tragedia. No solo las hectáreas que se quemaron, sino el tiempo que necesitarán miles de familias para recuperar lo que el fuego les quitó.