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La buena noticiaNo dejarse dominar por el egoísmo exige un esfuerzo consciente. Supone proyectar esa vocación social en “el ser para los demás”.
El ser humano posee una profunda vocación social; comparte su vida, su cultura y sus sentimientos desde que nace. Sin embargo, esta realidad coexiste con otra: su naturaleza herida por la imperfección. Esto se refleja en actitudes egoístas, como la búsqueda del interés personal, la indiferencia al sufrimiento ajeno, las injusticias, la violencia, tanto física como moral, entre otras muchas. Frente a esta realidad, afortunadamente, son muchos los que se proponen contrarrestarla, aunque no siempre acierten en el intento.
No dejarse dominar por el egoísmo exige un esfuerzo consciente. Supone proyectar esa vocación social en “el ser para los demás”. Así, la conocida frase “el que no vive para servir, no sirve para vivir” va abriéndose paso en las acciones de la ciudadanía. Esto se observa en las varias instituciones de inspiración secular o religiosa que dedican esfuerzos por mitigar el sufrimiento ajeno; tales son los casos de entidades como Cáritas de Guatemala, Remar Guatemala, El Refugio de la Niñez y World Vision Guatemala, o a nivel mundial, la ONU, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y Médicos sin Fronteras, entre otras.








