Entre las ventajas competitivas de los fabricantes chinos no solo se encuentran el precio y el equipamiento de sus coches eléctricos, sino su capacidad para desarrollar nuevos modelos en tiempos que las marcas europeas apenas podían imaginar. Mientras que en Europa un vehículo necesitaba tradicionalmente entre cuatro y cinco años para llegar desde el primer diseño hasta la producción, marcas como BYD, Geely o XPeng han reducido esos plazos a poco más de dos años, obligando a toda la industria a replantearse sus procesos.
Audi quiere demostrar que esa distancia comienza a reducirse. La firma de los cuatro aros ha utilizado el desarrollo del nuevo superdeportivo Nuvolari 1 como escaparate de una nueva forma de trabajar capaz de completar un prototipo prácticamente listo para producción en apenas 405 días, un plazo que supone un cambio radical respecto a los tiempos habituales de la industria. Para ello han aprendido cómo lo hacen las marcas rivales y aliadas chinas,
Más allá del propio vehículo, el mensaje va dirigido a un objetivo mucho mayor: evidenciar que Audi también puede acelerar su capacidad de desarrollo para responder a un mercado que evoluciona al ritmo impuesto por China.
El anuncio llega, además, en un momento especialmente significativo para el Grupo Volkswagen. Su consejero delegado, Oliver Blume, ha convertido la velocidad de desarrollo en una de las prioridades estratégicas del grupo, especialmente después de comprobar cómo los fabricantes chinos lanzan nuevos modelos, actualizaciones de software y tecnologías en ciclos mucho más cortos que los europeos.







