La profesora de sociología Josune Aguinaga publicó en el año 2004 un precursor ensayo con un título más que sugerente: El precio de un hijo, los dilemas de la maternidad en un mundo desigual. En su obra, hablaba de los costes personales, sociales y laborales que suponen (o suponían) para las mujeres la maternidad en el recién estrenado siglo XXI. Esos costes se traducen en renuncias que, en última instancia, repercuten en la bajada de la natalidad, un fenómeno que ya se estaba empezando a notar en los primeros 2000, y que ha aumentado drásticamente en las últimas dos décadas. En unas semanas empieza el curso escolar en todos los colegios de España y, un año más, la OCU nos advierte de que los precios se dispararán: la inversión inicial de las familias para el arranque del curso se prevé ya en unos 500 euros por criatura, un incremento de 3,9% en gastos escolar con respecto al curso anterior. La encuesta anual de la organización calcula que el gasto medio por alumno se acerca a los 2.500 euros durante el curso 2026-2027, aunque hay diferencias más que notables en los gastos entre las familias que optan por la enseñanza pública, la concertada y la privada. Desde los 1294 euros de media para los hijos matriculados en la escuela pública, hasta los 3450 de la enseñanza concertada o los 8000 de los centros privados.PublicidadLas previsiones de gasto incluyen tanto la matrícula (gratuita en los centros públicos) como los libros de texto, materiales escolares, o las extraescolares (entre 70 y 113 euros), el comedor (entre 97 y 156 euros mensuales), los uniformes o los dispositivos electrónicos. La solución de muchas administraciones públicas pasa por apoyos puntuales para la compra de libros o de material escolar, cosa que está muy bien, pero que a todas luces sigue resultando insuficiente. En Galicia, por ejemplo, existen ayudas para la compra de libros de texto para los dos primeros cursos de la Educación Primaria y la Educación Especial, vales para material escolar y se ha implementado el préstamo de libros de 3º a 6º de Primaria, y de 1º a 4º de la ESO. Pero si vamos a la letra pequeña, la condición para casi cualquier ayuda es una renta per cápita menor de 10.000 euros o, lo que es lo mismo, un sueldo neto de poco más de 1000 euros por cada miembro de la pareja con un hijo. ¿De verdad las familias cuyos progenitores cobran 1500 euros por cabeza no merecen una ayuda? ¿Y si cobran 2000 y viven en una ciudad en donde el alquiler del piso está por las nubes y el transporte a su puesto de trabajo supone más de 300 euros al mes? Hay innumerables motivos por los que el préstamo o gratuidad de libros de texto debería ser universal, independientemente de la comunidad en la que residas y de la renta de las familias. Especular con la educación de los niños va en contra del sistema público en el que muchas familias nos empeñamos en confiar.Y aunque la factura es significativamente menor en la educación pública, no olvidemos que los niños comen y que la cesta de la compra se ha encarecido un 35% en los últimos tres años, según la propia OCU. La subida del precio de los alimentos básicos como los huevos o el pescado impacta, sobre todo, en las familias con rentas más bajas, con una tasa de obesidad infantil que duplica la media. No podemos olvidar tampoco que los niños crecen y la ropa hay que comprarla, y que por mucho que se herede o se compre de segunda mano, cualquier niño o niña debería tener derecho a estrenar su propio calzado. Además, este verano la factura de la luz volvió a dispararse y no parece que el invierno vaya a rebajar los precios de una energía que limita que muchas familias puedan encender la calefacción para que los niños estudien confortablemente, o viven en un lugar en donde las temperaturas son tan altas que es imposible permanecer en casa o en la escuela, sin aire acondicionado.Al mismo tiempo que suben los gastos de las familias, los alumnos con cualquier necesidad especial o apoyo específico no han dejado de multiplicarse en la última década, y según los datos del Ministerio de Educación representan ya un 16% del total. Año tras año, los sindicatos denuncian que no hay profesionales suficientes en la mayor parte de las comunidades autónomas dentro de la escuela pública para atender las necesidades de unos menores que muchas veces requieren terapias externas que sufragan las familias. Por eso, hay otro coste invisible que sigue sin salir en las encuestas, y es la factura que pagan las madres por las fallas de un sistema en donde los permisos no retribuidos, las excedencias y las reducciones de jornada, junto con a los largos periodos de inactividad laboral en los primeros años de colegio recaen, principalmente en las mujeres. Curiosamente, la Educación Infantil de segundo ciclo, que comprende de los 3 a los 5 años, es la que registra el mayor gasto, con 2.597 euros de media por estudiante. De esta manera, coincide la época de mayor gasto familiar con el tiempo de mayor desempleo femenino, lo que empobrece a las familias y dispara la dependencia económica de las mujeres. Otro año más, muchas mujeres se estarán preguntando este inicio de curso si les compensa seguir en su empleo o es mejor renunciar a él, si podrían tener otro hijo o es mejor quedarse como están y regresar cuánto antes al mercado laboral.A pesar de que las familias cuentan con más mecanismos de conciliación que hace unos años, seguimos sin romper la brecha de género de los cuidados, y el precio de un hijo se calcula en base a renuncias personales y laborales. Faltan servicios públicos de calidad, faltan inversiones empresariales y falta cooperación masculina. Seguimos llegando a septiembre con las mochilas llenas de cansancio, deseos truncados y una natalidad que cae en picado.
El precio invisible de la vuelta al cole
En unas semanas empieza el curso escolar en todos los colegios de España y, un año más, la OCU nos advierte de que los precios se dispararán











