0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialNos vamos acercando al final de agosto y habrá que volver a la política. Nos va a costar. Me he preocupado mucho en mis escritos por nuestra vida colectiva, pero me estoy alejando de ella porque no soporto el cariz que ha ido tomando la información política. Los medios más populares (radios, televisiones, redes) la han convertido en una materia irritante y deprimente. Han eclipsado la reflexión. Han convertido las discusiones políticas en un concurso de escándalos, en guerra de trincheras, en pretexto para organizar fregados polarizadores. No hay país que pueda resistir la conversión de la información política en un teatro excremental. Flemming HansenPrimero fueron los programas del corazón, que del color rosa pasaron al amarillo de la bilis. Se trataba de buscar los trapos sucios de las folklóricas, de sus amantes y de las vecinas de sus amantes. De la idealización de reinas y actrices pasamos a la exaltación de sus excrementos.La derrota de los rivales es más satisfactoria que la victoria propiaDespués llegaron las tertulias de fútbol que, abandonando las ironías y las bromas que habían caracterizado las relaciones entre seguidores de clubs rivales, se dedicaron a exagerar todos los aspectos polémicos de los partidos y a tocar todas las fibras sensibles de los espectadores. Han logrado grandes audiencias con el viejo recurso del grito, el odio y la pelea. En pocos años, el fútbol ha dejado de ser un espacio de relajación social, de entretenimiento colectivo y de pasiones catárticas, para convertirse en una fábrica de emociones corrosivas en las que la derrota de los colores rivales (descrita como humillación) resulta más satisfactoria que la victoria de los colores propios.Estos mecanismos triunfan ahora en la información política y la han infectado por completo. Toda la información política aparece teñida de este tono conflictivo y tribal. Ciertamente, muchos políticos han contribuido a convertir la gestión de lo común en un escenario desolador. Pero reducir el relato de la política a los hechos excrementales y a los conflictos solo sirve para favorecer la depresión y la irritación colectivas. Este periodismo que encuentra el éxito de audiencia en el choque y la demonización de los adversarios hace imposible un futuro de esperanza y nos condena a la amargura.