El expresidente del Gobierno y la exalcaldesa de Madrid, José María Aznar y Ana Botella, se plantaron este jueves en Ceuta para recordar al Gobierno que la soberanía de España se defiende saltándose el derecho internacional, o sea, con violencia. Nada gusta más al hoy presidente de FAES que una guerra, por eso ha desembarcado en la ciudad autónoma: para recordar a los y las ceutíes que la defensa del "invasor" se ejecuta por la fuerza, como hiciera él en julio de 2002 con la operación Romeo-Sierra para liberar el islote de Perejil de una docena de agentes de la Gendarmería Real de Marruecos que plantaron allí su bandera. PublicidadLa razón que llevó a la invasión de Perejil -nunca oficialmente confirmada, lo que la convierte en un clásico de las relaciones hispano-marroquíes- habría sido la culminación de una escalada de tensión diplomática entre los gobiernos español y el vecino desde que Mohamed VI llegó al poder en 1999 y que supuso incluso la retirada de su embajador en España en 2001. El dictador vecino andaba cabreado con el Gobierno de Aznar por cuestiones relacionadas con la pesca, el Sáhara y las también clásicas reivindicaciones territoriales sobre Ceuta y Melilla, así que decidió mandar a un grupo de gendarmes a tocar las narices a España en este peñón diminuto y de soberanía española, al que se suman los ídem de Vélez de la Gomera, la frontera más pequeña del mundo (85 metros); Alhucemas, y las islas Chafarinas y Alborán, todos enclaves muy pequeños y deshabitados, aunque estratégicamente situados en el estrecho de Gibraltar. Por descontado, el Gobierno del PP y su operación militar en Perejil para frenar la chulería del rey novel contó con el apoyo incondicional del PSOE en la oposición, entonces liderado por José Luis Rodríguez Zapatero, aunque no se libró del choteo general por la pompa y prosa del entonces ministro de Defensa, Federico Trillo ("Al alba y con tiempo duro de levante…. con fuerte levante, 35 nudos de viento"), informando de la misión que implicó al Mando de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra, a la Unidad ídem de Infantería de Marina, varios helicópteros Cougar, el refuerzo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en las dos ciudades autónomas, el cierre de los aeropuertos de Jerez y Melilla... Una guerrita en toda regla sin la parte negativa, muerte y destrucción, pero con mucha bandera y mucho uniforme. Aunque todo ello, se reconoció más tarde, habría sido innecesario al contar el Ejecutivo con la siempre decisiva mediación diplomática de EEUU, entonces amigo de la España que gastaba acento texano. Ante las suspicacias, sin embargo, Trillo justificó siempre el despliegue militar del Gobierno de Aznar y el suyo poético minimizando la intermediación de la Casa Blanca de Bush Jr., al que acusó en 2025 de ofrecer a Mohamed VI el peñón de Vélez de la Gomera y las Chafarinas a cambio de liberar Perejil, lo cual era un absoluto disparate, pero cuya confirmación, como la de las armas de destrucción masiva en Irak y como la de casi nada, nunca se obtuvo. Lo cierto es que las aguas volvieron a su cauce en 2002, Perejil se vació de los unos y los otros y Aznar le cogió el gusto a las guerras y hasta a los genocidios del Estado de Israel, esta vez sí, con sus violaciones del derecho internacional, sus muertos, sus heridas, sus torturas, su destrucción y su miseria consecuente e infinita, llámense Afganistán, Irak o Palestina. Ahora, el expresidente del PP ha ido a Ceuta a pedir más guerra a una población lógicamente desbordada por la situación, pero también por los mensajes de miedo, amenaza u odio de quienes buscan la desestabilización y el conflicto desde sus cómodos despachos. Ni el expresidente del Gobierno, ni el PP de Feijóo ni el Vox de Abascal ni los violentos satélites de todos ellos buscan un enfrentamiento militar con el Marruecos protegido de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, sino que espolean el ataque xenófobo y racista al inmigrante "invasor", alientan la violencia contra el extranjero del sur al que su propio rey utiliza como munición. Esa guerra, que empezó con las redes sociales de los tecnofascistas animando en Marruecos a una entrada masiva de inmigrantes en Ceuta, es el ataque unilateral de la ultraderecha contra la democracia y los derechos humanos. Y ahí no podía faltar Aznar, la voz de sus amos.